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El EZLN y su soledad

Columnas
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Estamos solos y sin miedo, como en el  comienzo, han dicho ahora los integrantes  del EZLN. Solos en su autenticidad -cuestionada grotescamente en ocasiones por la iniquidad o la ignorancia culpable de algunos-.

El EZLN no anda con equilibrismos después de 25 años de resistencia contra la injusta situación de los más, de lucha cívica contra el adormecimiento político secular. El equilibrismo equivale al deseo insensato de querer servir a dos señores: a los dioses y al dinero. Los que lo intentan, terminan sirviendo al último afanosamente.

La radicalidad que es vida ascendente en tratándose de principios supremos, no transige como dice Vasconcelos, ni con “la verdad incompleta ni con la dicha infecunda”, ni con los mendrugos asistenciales y salariales; y esa radicalidad paga siempre el alto precio de la incomprensión sincera o calculada, de propios y extraños. Pero los solitarios de alma grande, están siempre dispuestos a pagarlo. Son en general ellos, las víctimas de la historia de las que habla Max Horkheimer, encabezadas por el Nazareno de 33 años.

El pensamiento, discurso y conducta de los zapatistas de personalidad intacta, forman un todo integral que se enfrenta, sin miedo, con radicalidad, al formidable aparato que exige sumisión.  Contrasta esa integridad con un clima cultural decadente, donde el divorcio entre el pensar, el hablar y el actuar, es lo vulgar, lo común. La falta de congruencia, de integridad, rinde frutos a costa del decoro. Las sombras entonces, derrotan a las luces, y la eficiencia a la convicción.

El pulso vital del EZLN es radical por su búsqueda de la verdad, nunca sectario. Es radical, porque su palabra franca como los claros de su selva, dice las verdades a secas, muchas de ellas sentidas, vividas en carne propia: hambre, violencia, engaño, militarización, trenes que sirven a la muy “modernizadora” geopolítica norteamericana, según lo constatan periodistas lúcidos; geopolítica de dominación que depreda y humilla al débil. Es radical porque la conducta se “alza al nivel de la convicción”.

El sectario por otro lado, se obstina en decir “sus verdades” -que son las del jefe de la secta-, a pesar de saberse equivocado por el testimonio desnudo de los hechos o por la sapiencia de los conocedores; permanece el sectario en su necedad contra toda evidencia o certeza, ciego, insensible para la realidad que estruja.

La meridiana claridad de los discursos conmemorativos de los 25 años del EZLN es digna de elogio, en estos tiempos de tantas “lenguas en conserva” ante la decisión de construir un tren maya, de legitimar la militarización del país, bajo vistosos eufemismos y argumentos, unos probadamente infecundos, y otros francamente grotescos; frente a la determinación de tener disponibles fiscalías a modo. Decisiones que se dan a pesar de las advertencias de buena voluntad de muchos, fundadas en razones económicas, jurídicas, históricas de gran peso.

No cuestionan ellos la legitimidad de origen, sino la de ejercicio del poder actual, en virtud de no haber un hilo conductor, un puente, entre la primera y la segunda en materias fundamentales, como las antes señaladas (hambre, miseria, violencia, militarización, engaño, falta de independencia de fiscales, trenes que desarraigan). La inconsistencia es lo que se reprueba sin contemplaciones.

Nada que sea injusto es necesario, han dicho.  Hay un tipo de justicia democrática que hace de las decisiones fundamentales del entramado constitucional, materias inamovibles en un país civilizado; una de ellas es la que asigna a los civiles la tarea de la seguridad pública, en aras de las libertades mínimas. Otra, la del respeto a la integridad territorial de los pueblos originarios, devastados sistemáticamente por tantos proyectos “modernizadores” al servicio al final de cuentas, del capital deshumanizado.

Dicen estar solos los zapatistas como en el comienzo y no tener miedo. Solos en su autenticidad. Se aferran a su vocación y destino como los profetas de tiempos antiguos. Lo están porque a pesar de haber intentado ser ellos escuchados por las mayorías, no lo han conseguido: suerte común de los profetas.

Están solos porque ellos viven despiertos y captan la amenaza de diluvios, como Noé y los suyos en el arca. Su despertar constante abruma y desconcierta a timoratos, a equilibristas y sectarios que favorecen, consciente o inconscientemente, el sonambulismo político, la ceguera de tantos, ante hechos advertencias y peligros.

Soledad creadora, valentía y palabra franca y sencilla, laten en dichos discursos, y sobre todo en la conducta, en la vida diaria, en los testimonios. Se puede discrepar de su doctrina, pero nunca de su coherencia.

Esa soledad que resiste, los honra porque es la soledad de los valientes, de los centinelas del porvenir, de las víctimas de la historia; víctimas con sentido de identidad propia, con un yo y un nosotros de personalidad vibrante e invicta, que no tienen la triste y penosa necesidad del “intimo contacto con al rebaño” para dotarse de identidad ajena y domesticada.

Enhorabuena por ese 25 aniversario de formación de conciencia, de Paideia educadora. Al final, es el bien que resiste el que saldrá victorioso sin duda. Dedico este texto a la memoria de Don Vicente Leñero, grande del periodismo libre y fecundo.