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EL RETORNO AL AUTORITARISMO

Columnas
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La estrategia militar es propia de la resolución de un conflicto a partir de imponer por parte del vencedor su voluntad sobre el contrario, por lo que los contendientes se identifican como enemigos a vencer. Para ello unifica la estructura y  la hace depender de una sola voluntad para generar lo que se denomina: unidad de mando y unidad de propósito. Una estructura de esta naturaleza no es capaz de admitir la más mínima disidencia y bajo esa condición la permanencia del líder depende de su triunfo, pues sabe que la derrota lo llevaría a su reemplazo inmediato.

En efecto toda estructura y liderazgo que se rija por esa lógica esta referida a una concepción autoritaria y bajo esta idea Max Weber sostenía que a los líderes derrotados habría que colgarlos. Esta idea fue la historia de Napoleón después de Waterloo; de su Sobrino Napoleón III después de la derrota en la batalla del Sedán; Del Káiser Guillermo II al concluir la Primera Guerra Mundial quien perdiera el trono de Alemania junto con la casa de los Habsburgo de Austria; De Hitler y Mussolini al terminar la Segunda Guerra Mundial y de cualquier derrotado a quien el poder desecha después de perder la Guerra. Pero esta es la salida final cuando el conflicto ha concluido y conocemos al triunfador y al vencido y es ahí cuando podemos exclamar la frase de David Hume: “todos conocemos el resultado del experimento cuando ha concluido”  

Hoy en día el drama humano vuelve a repetirse y corresponde al hecho de que las conflagraciones mundiales se han derivado de las contradicciones entre capitalistas con intereses antagónicos, curiosamente lo que Marx hubiera pensado era que la revolución inspirada en la contradicción capital trabajo, resultaría ser definitiva, pero no prosperó como motor del conflicto en la historia humana, sino que la propia clase obrera sacrificó sus intereses en aras de las guerras imperialistas. Curiosamente este es el caso de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que en modo alguno esconde un interés ideológico de clase, sino su posición dominante ante el mercado del capital.  

La posición de Trump parte de que China se echó para atrás en un acuerdo que previamente se había acordado, razón que busca justificar una medida extrema de imponer el 25% por concepto de aranceles a los 5700 productos que China vende al mercado norteamericano y que se estima tiene un valor anual por 200000 millones de dólares anuales. Dicha medida fue lanzada la semana pasada pocas horas antes de que el vicepresidente Chino Liu He encargado de la negociación llegara a Washington D.C. La medida es a todas luces ruinosa para China y Trump pretendiendo atajar las criticas amenaza por Twiter que si se toman represalias habrá peores consecuencias.

Por lo pronto la delegación China ha manifestado su extrañeza y por supuesto habrá represalias, pero ya está en la agenda de ambas naciones una reunión en junio en Japón, entre Trump y el presidente Xi Jinping, para encarar las diferencias, pero mientras tanto las medidas están vigentes contra su primer socio comercial. A lo anterior Trump ha agregado una colección de escenarios de conflictos que están actuando simultáneamente y el problema central es si con su estilo de negociación de primero golpear y después medir la fuerza del oponente cediendo hasta un punto limite se puede lograr algo.

Pero hagamos un repaso tan solo en el terreno comercial: no ha logrado concretar el T-MEC con Canadá y México; mantiene un frente que día a día crece con los migrantes de todo el mundo que buscan entrada a Estados Unidos vía México; se agrega además el cerco comercial impuesto a Cuba que esta obligando a la isla a severas restricciones y a buscar apoyo en otras fuerzas que podrían aprovechar su posición geopolítica para vulnerar a Norteamérica. El caso Venezolano resultó más complejo de lo que se pensaba de una transición apoyada en la sublevación mayoritaria del ejército. La extensión del conflicto para una guerra con Colombia no es imaginable. La perspectiva de una guerra civil contrasta con creación de milicias locales que se han constituido en poderes fácticos y la extensión del conflicto en Nicaragua donde se pretende consolidar el nuevo canal interoceánico con capital chino vuelven inviable la confrontación en ese espacio. En cuanto a Bolivia podría extender agravios contra Chile por su salida al mar y el cono sur y Centroamérica arderían.

La situación en Europa no es menos tensa con el Brexit y al interior de los países integrantes de Gran Bretaña. Francia asume conflictos internos que reclama resolver para consolidar su poder interno de decisión y Alemania requiere internamente de ajustes tanto en su política interna como externa. Por supuesto no hay que descuidar el papel de Rusia y de Putin como actor principalísimo y todavía hay que sumar la situación de Oriente Medio, el caso de Irán, el retorno de Iraq al mercado petrolero y el futuro de los precios del crudo. A lo que hay que sumar el caso del armamentismo de  Corea del Norte.   

Todo lo anterior debe ser tomado en cuenta además que Trump es un tahúr y un costal de mentiras cuya estrategia es reconocible: amedrentar al adversario con una carta muy fuerte y dependiendo de su capacidad de reacción, ir negociando hasta llegar aun punto que le ofrezca aun ventaja sobre el rival. Pero esta estrategia de negociación es muy pobre para China pues oriente utiliza la técnica del Judo, que consiste utilizar la fuerza y el impulso del contrario para vulnerarlo. Sabe por largas experiencias que la paciencia al ser impulsada por el tiempo es una arma letal, sobre todo frente a un rival que busca una rápida victoria. Sabe reconocer los puntos vulnerables del contrario y seguro sabe a través de que vías podría penetrarlo. Nunca apuesta todo a una carta y en esto cabe preguntarse que pasaría si Trump desea dar marcha atrás a su propuesta. Esto último es  lo que hay que pensar, pues al haber apostado de entrada la carta maestra qué quedaría después de esto y seria la guerra.

Calibremos ambas propuestas y puedo asegurar que China tiene aun más cartas en la mano y no las ha mostrado y una de ellas sería recuperar e integrar para si lo que originalmente era el Acuerdo Asia Pacifico de donde Norteamérica se salió. Además de que en materia financiera los norteamericanos son la nación más endeudada del mundo y su principal acreedor es China. En cuanto al ámbito de patentes China y Oriente han logrado mejores propuestas y a costos competitivos. Además de que no es creíble que el 25% de incremento a las importaciones chinas tendrá que ser absorbido por el consumidor norteamericano, con lo cual se cierra el circulo de afectación que Trump ha producido contra su propia economía. Definitivamente la democracia no se aventura, pero el autoritarismo es la estrategia del perdedor, pues somete a todos a una sola voluntad.