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LA PERVERSA CAMPAÑA QUE BUSCA DESPRESTIGIAR Y SOMETER AL PODER JUDICIAL DE LA FEDERACIÓN

Columnas
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Hace años leí dos excelentes libros, el primero: titulado “Los Juristas del Horror”  y el segundo, “El derecho degenerado. Teoría Jurídica y juristas de cámara en el Tercer Reich”, respectivamente de la autoría de Ingo Müller y Bern Rüher, que abordan el tema de la impartición de justicia en Alemania en la época del estado nacional socialista, donde los jueces fueron sometidos a la ideología del Füller para que los actos arbitrarios tuviesen color de legalidad, aun por encima de la legalidad racional. Lecturas que bien valen la pena dedicar algunas horas para ver el resultado cuando se somete a los juzgadores a la perversidad de ideologías arbitrarias.

En México, se viven tiempos de cambio, sí, cambios de personas que gobiernan y al parecer continúan con vicios del pasado no lejano, clavados en la picota de la inconstitucionalidad e ilegalidad de actos arbitrarios, sazonados en la deyección de la doble moral y falta de ética, que comienzan con los nombramientos de quienes no cumplen con mínimo de requisitos para ocupar un cargo público en los sectores más sensibles donde debe prevalecer la honestidad y honradez, ejemplos, sobran.

La redes arden con la orquestada campaña gubernamental que busca desprestigiar al Poder Judicial de la Federación, comenzando por la falacia del sueldo de los Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se cuestionan públicamente las decisiones de los juzgadores por admitir demandas de amparo y conceder suspensión de los actos reclamados, y con ligera irresponsabilidad se cuestiona la grandeza de la institución del amparo cuando nuestro sistema jurídico es un referente mundial por la fuerza de nuestra institución insignia.

Inundan frases que dicen: “fuera jueces corruptos”, “cuando el presidente propone bajar sus exorbitantes sueldos, se amparan entre ellos”, “queremos fuera esta basura por el bien de México”, “se desata furia nacional contra jueces por amparos a Duarte, Loyoza y Deschamps”, “en menos de 24 horas el Poder Judicial se consolida como el poder más corrupto de México”, y la reciente marcha cuya frase es “falta poner en sintonía con la 4T”.

En el Poder Judicial de la Federación, es cierto, algunos servidores han realizado actos que han manchado esa institución (imagen construida sobre la base del trabajo y preparación). Entre esas conductas desdeñables tenemos “la familia judicial”; maltrato de algunos titulares a los servidores públicos de menor jerarquía; enriquecimiento ilícito, maltrato de los empleados al justiciable, conductas aisladas (salvo la familia judicial), conductas que han sido duramente sancionadas con la destitución de algunos servidores públicos responsables.

Sin embargo, hasta hoy es la única institución fundamental del Estado mexicano garante de nuestros derechos humanos, quien defiende la majestuosidad de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, nuestra norma fundamental, suya y mía por igual; que se muestra como un contrapeso real y efectivo para analizar si las decisiones que toma el Ejecutivo Federal y otras autoridades, están ajustadas a derecho, sistema válido en un estado constitucional democrático.

La fuerza de las decisiones de los jueces federales descansa en la “independencia judicial”, por lo que se debe evitar con una campaña vergonzosa que busca desprestigiar y así someter al Poder Judicial de la Federación, tal pareciera que se pretende que los Ministros, Magistrados y Jueces Federales, asuman una conducta dócil y amamantada que distinguen algunos juzgadores locales.

La pretensión de sometimiento del Poder Judicial de la Federación es violatoria de los artículos 40, 41, 49 y 116 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, ya que va contra la independencia y autonomía en función del principio de división de poderes.

Hoy se cuestionan por las propias autoridades las decisiones de los juzgadores que han concedido la suspensión de los actos reclamados consistentes en la construcción de un aeropuerto, tren y refinería, cuando la propia Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos otorga los gobernados por el interés legítimo de acudir al amparo contra esos actos que impactan contra el medio ambiente, este último derecho protegido por diversos tratados, y en el caso del tren maya se requiere escuchar a los pueblos ancestrales que se verán afectados con ese proyecto, aun cuando la intención en su construcción tenga un fin económico generoso.

Los Principios Básicos Relativos a la Independencia de la Judicatura, en su artículo 1 prescribe “La independencia de la judicatura será garantizada por el Estado y proclamada por la Constitución o la legislación del país. TODAS LAS INSTITUCIONES GUBERNAMENTALES y de otra índole respetarán y acatarán la independencia de la judicatura”.  Por tanto, la campaña de desprestigio pretende someter al Poder Judicial de la Federación, y justificar a la sociedad un cambio de estructura y juzgadores a modo.

Es momento que la institución de mayor contrapeso responda de la mejor manera, esto es, resolviendo con la exquisita sensatez y racionalidad cada uno de los asuntos de su competencia, en forma independiente e imparcial, explicando con manzanas el respeto irrestricto que debemos tener a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

La sociedad quiere un cambio, SÍ, estamos cansados de tantas lacras que se aprovechan de los cargos públicos y enriquecen desmedidamente, pero ese cambio no puede estar fuera del marco de nuestra norma suprema y tratados sobre derechos humanos, ya que de lo contario estaríamos transitando a un Estado arbitrario, grosero y degenerado como el estado nacional socialista, donde el poder se concentró en una sola persona y a la postre culminó en el holocausto de violación de los derechos humanos.

Hoy más que nunca el Poder Judicial de la Federación debe contar con jueces independientes y autónomos, valientes en vivir la Constitución Federal y los tratados de derechos humanos más allá de las cadenas de la legalidad, compromisos personales y miedos. El juez que tenga miedo defender su independencia bueno sería que renuncie al cargo, pues, por la sangre de los juzgadores corre naturalmente el desprecio a todo acto violatorio de derechos humanos.