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Alejandro Moreno tragedia para Campeche y para el PRI

Manuel Velasco y ‘AMLITO’, las dos grandes traiciones

Cuando, en el año 2005, Alejandro Moreno Cárdenas disfrutaba de la diputación federal plurinominal por el estado de Campeche, un importante editor de aquél estado me deslizó una confidencia: “Sería una tragedia para Campeche que ‘Alito’ algún día fuera gobernador”.

La premonición resultó impecable, y la pregunta obligada: ¿Por qué sería una tragedia? Es frívolo, mentiroso, corrupto, capaz de cualquier cosa con tal de llegar a donde se propone. Y la sentencia lapidaria: “No tiene límites. La política y el poder por encima de la familia, la sociedad, los amigos, la moral y el honor”.

Alejandro Moreno Cárdenas resultó “electo” gobernador de Campeche en el 2015, en un proceso calificado como la más fraudulento en la historia del estado. El dispendio de recursos públicos para asaltar la gubernatura fue ofensivo ante la miseria que padece más de la mitad de los campechanos.

La candidata de Morena, Layda Sansores, documentó ese fraude cuando exhibió todas las pruebas que acreditaban el operativo de la elección de Estado para imponer a Moreno Cárdenas. Lo malo para “Alito” (“AMLITO” en lo sucesivo) fue que ni con todo ese dispendio pudo llegar a la mitad de la votación estatal. Apenas llegó al 40 por ciento, seguido con el 32 por ciento del PAN y el 18 por ciento de Morena.

“AMLITO” es el clásico demagogo con los que el PRI transitó por casi 80 años. Lo mismo insulta que alaba por consigna. El Moreno que hoy se asume, fraudulentamente (otra vez), como presidente del PRI es el ejemplo más acabado del pragmatismo acomodaticio y de la indefinición política e ideológica.

Lo mismo se acomodó en el PAN, con Juan Camilo Mouriño, para protagonizar las historias más truculentas de la política, que con Peña Nieto buscó acrecentar sus bonos, con Andrés Manuel López Obrador como blanco de sus más ofensivas, vulgares e irrespetuosas críticas. Ahí es donde “AMLITO” se exhibe como el boxeador que fue cuando transitó por diversos cuadriláteros.

Del que hoy es su nuevo AM(L)O, Moreno Cárdenas diría en el 2015, cuando cursaba como candidato al gobierno de Campeche: “López Obrador es el más incongruente, el más sinvergüenza, el más mentiroso; un holgazán y un parásito.” Y, ya encarrerado, el hoy furibundo morenista y lopezobradorista no tuvo límites en sus improperios: “López Obrador no respeta la ley y sigue siendo un peligro para México”.

A “AMLITO”, el boomerang le funcionó a la perfección. Con esos epítetos se describió a sí mismo: El corrupto, cínico y abusivo gobernador de Campeche.

Sólo que “AMLITO” tuvo un pésimo cálculo político. Nunca previó la derrota del PRI en el 2018. Pensó que con la interminable corrupción peñanietista, y todo el aparato de Estado, el PRI repetiría en la Presidencia, independientemente de cualquiera de sus candidatos. Rastrero y servil como es, Alejandro Moreno Cárdenas jamás se hubiera atrevido a tocar a López Obrador si hubiera previsto su llegada a la primera magistratura.

Se le pasó la mano a “AMLITO” cuando de las ofensas cuasi institucionales pasó a las agresiones familiares y personales. En un acto de verborrea incontenible, el nuevo adorador de Andrés Manuel espetó sin ningún rubor: “A los campechanos no se nos olvida que en 1962 mató a su hermano José Ramón, de nueve años, con una pistola calibre 22”. Es la expresión más indigna inferida a cualquier ser humano.

Con la ligereza que acompaña todos sus actos, Moreno Cárdenas se atrevió a juzgar a López Obrador sin tener la certeza de que su desafortunado comentario pudiera ser verdad. Habría que recomendarle a “AMLITO” leer la página número 65 del libro “AMLO vida privada de un hombre público”, autoría de Jaime Avilés: “El primer hijo de Andrés Manuel recibirá el nombre de José Ramón en memoria de Monchito, el niño de 14 años (no 9, ‘AMLITO’) que se mató jugando con una pistola en la trastienda, dejada en prenda por un cliente que necesitaba llevarse puestas unas botas para impresionar a alguien, pero no tenía dinero para pagarlas de contado. Vergonzoso el dislate de Moreno Cárdenas”.

Hay más agresiones en contra de López Obrador, pero por hoy es suficiente. Moreno Cárdenas, para el electorado y la ciudadanía de Campeche, es el símbolo de la insensatez y la intolerancia política. De la ofensa, la diatriba y el insulto, pasó a la sumisión y a la necesidad de arrodillarse ante el Presidente de la República.

Ahora, el discurso es otro y López Obrador el prohombre de México cuando le ofrecen tumultuoso recibimiento: “Bienvenido a Campeche; siempre lo trataremos con mucho reconocimiento y respeto (sic). Siempre que llega a nuestro estado el Presidente de la República, el licenciado Andrés Manuel López Obrador, se le trata con afecto y respeto (sic)”. Qué bueno que “AMLITO” trata con afecto y respeto a López Obrador después de los calificativos más soeces y bajos, propios de la naturaleza de una persona como Moreno Cárdenas.

Por eso, Alejandro Moreno Cárdenas y Carolina Viggiano Austria son la fauna política más funcional a los intereses de López Obrador. Las ofensas de ese tamaño son inolvidables y, desde luego, Alejandro Moreno tiene cuentas pendientes con el presupuesto de Campeche. En cualquier momento aparecerán los faltantes y “AMLITO” deberá someterse a cualquier orden de su amo en turno.

De nuevo, Moreno Cárdenas recurrió al dispendio y al fraude para llegar a la Presidencia del PRI. Nadie cree en su abultado triunfo de un millón 603 mil 725 votos, contra los 177 mil 298 de su más cercana opositora, Ivonne Ortega Pacheco. O sea, “AMLITO” ganó con el 88 por ciento del voto priísta, exactamente igual de cuando el partido de la “Revolución” recurría a las mismas prácticas fraudulentas y al cochinero electoral.

Dos son los gobernadores sometidos, incondicionalmente, al lopezobradorismo: Manuel Velasco Coello, de Chiapas, y Alejandro Moreno Cárdenas, de Campeche. En un grave atentado a la Constitución, a Velasco Coello se le concedió licencia al gobierno de Chiapas para asumir una senaduría plurinominal y de nuevo regresar como gobernador para continuar como presidente de la Conago y ejecutar las instrucciones de AMLO presidente.

Lo mismo sucedió con “AMLITO” cuando sustituyó a Manuel Velasco en la Conago. Ser el conducto con los gobernadores para hacer que las instrucciones del Presidente de la República se cumplieran a cabalidad. Es una forma de humillar al que trató de mentiroso, incongruente y ladrón a López Obrador.

En su obra “El sistema político mexicano”, don Daniel Cosío Villegas predijo que la única forma de acabar con la hegemonía del PRI era un desgajamiento dentro del propio PRI. Ese episodio se dio en 1987, cuando Cuauhtémoc Cárdenas fundó la Corriente Democrática y provocó un sisma dentro del PRI, con la que comenzó la debacle y la derrota definitiva del PRI.

Sólo que el distinguido politólogo no previó las traiciones. En la elección presidencial y a gobernador del estado de Chiapas, Manuel Velasco fue el interlocutor entre Peña Nieto y López Obrador para asegurar el triunfo de éste y la impunidad de aquél. Ese soterrado acuerdo condujo a romper la alianza PRI, Verde, Mover a Chiapas y Chiapas Unido para asegurar el triunfo de Rutilio Escandón. De no haberse roto esa alianza, indudablemente, Roberto Albores Gleason habría ganado la elección a gobernador de Chiapas.

Hoy, Moreno Cárdenas, “AMLITO”, va con la misma consigna de Manuel Velasco: Entregar el PRI. Así, los dos grandes traidores priístas por conveniencia, Manuel Velasco y Alejandro Moreno, terminarán por sepultar al PRI. Al tiempo. Ampliaremos…