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Oaxaca y las infancias trans

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¿Qué hacer ante adolescentes que reivindican una identidad de género distinta a la que tienen registrada en su acta de nacimiento? ¿Qué hacer cuando se niegan a ir a la escuela o amenazan con suicidarse? ¿Qué hacer cuando la madre o el padre aceptan esa identidad y están dispuestos a solicitar una modificación del acta, pero legalmente no es posible? En Oaxaca se acaba de aprobar una ley que aborda esta difícil problemática.

Hay niñas que muestran un malestar intenso y persistente de ser tratadas como niñas e insisten en que son niños. Sin embargo, una aversión marcada y continua a la ropa y juguetes femeninos o el deseo de usar ropa y juguetes masculinos, incluso afirmar que cuando sea grande le crecerá un pene, el rechazo a orinar sentada o la manifestación de cierto rechazo a que le crezcan los pechos, no desembocan siempre en una condición transexual.

Lo mismo ocurre en el caso de los varoncitos que expresan malestar persistente sobre ser niños. Algunos de los que insisten en que son niñas y manifiestan preferencia por vestirse con ropa o arreglos femeninos, tienen un deseo intenso por participar en juegos y pasatiempos de las niñas y rechazan los juegos y actividades masculinas, e incluso dicen que su pene y testículos son desagradables, no derivan en asumirse mujeres cuando son mayores.

Las personas especialistas señalan que ante esas conductas no hay que presionar y mucho menos castigar, pues pueden ser exploraciones o resistencias al orden de género binario. Está bien documentado que muchos niños y niñas que manifiestan esas conductas y deseos durante la infancia, al entrar a la adolescencia las abandonan.

Esto puede deberse a la eficacia del duro y cruel proceso de adaptación social llamado “normalización”, pero también puede ser que, como han podido dar rienda suelta a su fantasía, sin ser reprimidos o castigados, han podido asumir finalmente la identidad social que conlleva la clasificación que se hace en función de la biología: las hembras deben ser mujeres y los machos deben ser hombres. Sin embargo, hay seres humanos que persisten en su convicción identitaria y eso recibe el nombre de condición transexual o trans.

Así como hay chicos y chicas que transgreden las normas del libreto cultural y se divierten con las reacciones que producen a su alrededor, hay otros que sufren intensamente si no se les acepta como se sienten. Incluso muchos se han suicidado. Es indispensable, por lo tanto, tener flexibilidad ante conductas atípicas de experimentación y de resistencia, pero también hay que saber distinguir cuando se trata de un ser humano con una identidad distinta a la que corresponde a la clasificación normativa.

Ahora bien, si la identidad trans se consolida de la infancia a la pubertad, no hay motivo para esperar hasta la mayoría de edad para iniciar el proceso de cambio de identidad, incluso para empezar el tratamiento hormonal. Hoy en día los protocolos profesionales sostienen que se debe iniciar la terapia hormonal durante la etapa puberal, incluso prepuberal, con el fin de disminuir el sufrimiento psicológico y mejorar el resultado en el aspecto físico. Iniciar antes de la pubertad un tratamiento de supresión hormonal inhibe el cambio de voz en los machos biológicos, y la menstruación y crecimiento de los pechos en las hembras biológicas. Esos cambios, además que evitan sufrimiento, facilitan la aceptación social y en otros países sus legislaciones lo permiten a una edad entre los 10 y los 12 años.

Desde hace tiempo los seres humanos se han rebelado ante los límites que impone la biología y tal rebelión ha traído como resultado una serie de adelantos técnico-científicos de la medicina. Así se han rebasado muchas fronteras de las limitaciones biológicas; por ejemplo, con la reproducción asistida millones de personas en el mundo han superado la esterilidad y con los trasplantes de órganos cientos de miles han conquistado más años de vida.

Además de las nuevas tecnologías, también nuevos saberes han impulsado avances. Tal es el caso de la comprensión del proceso de formación inconsciente de la identidad. El conocimiento acerca de la dinámica psíquica explica el proceso de los seres humanos que se han propuesto rebasar el límite que les impone la biología para alcanzar la congruencia identitaria con lo que psíquicamente se sienten ser.

Comprender la transexualidad como una variación humana y no como una enfermedad requiere no sólo un cambio de ley sino también la instrumentación efectiva de políticas públicas que atiendan a este grupo de la población. La necesaria despatologización de la transexualidad necesita la implementación de políticas antidiscriminatorias, en especial de políticas culturales que propicien una convivencia respetuosa de las diferencias humanas. Así como es indispensable contar con documentos legales que les permitan ser tratadas/os en concordancia con la identidad psíquica que tienen, de la misma manera lo es enfrentar las expresiones de rechazo de grupos conservadores que se aferran a la errónea creencia de que lo biológico determina la identidad.

Seguramente la ley aprobada en Oaxaca despertará reacciones adversas de distintos grupos, en especial, de los religiosos. Sin embargo, esa ley marca un camino que otras entidades federativas deberán seguir, si su objetivo es construir una sociedad más justa.