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Los protocolos ajedrecísticos de Adrian de Groot

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El ajedrez es más que un juego, es una cama de pruebas para la investigación científica, sobre todo en campos como la Inteligencia Artificial, la Teoría de Juegos y desde luego, la psicología, en donde se abarca el ajedrez y sus practicantes como un fenómeno digno de ser estudiado.

Fue quizás Alfred Binet, un pedagogo, grafólogo y psicólogo francés, quien decidió investigar cómo es que los ajedrecistas podían jugar sin ver el tablero. El académico indicaría su interés en una frase famosa, que dice así: “Si pudiéramos observar el interior de la cabeza de un jugador de ajedrez, encontraríamos ahí un mundo lleno de sentimientos, imágenes, ideas, emoción y pasión”. Los hallazgos de Binet en el tema del ajedrez a la ciega son muy importantes, pues mostró que –al contrario de lo que se pensaba– los ajedrecistas no tienen imágenes mentales “fotográficas” del tablero. Lo que encontró Binet es que los jugadores lo que tienen es una especie de mapa de relaciones entre las piezas: qué pieza ataca a cuál, qué peón defiende qué casilla u otra pieza, etcétera.

Pero fue Adrian de Groot, un psicólogo holandés que también era maestro de ajedrez, quien condujo una serie de experimentos muy famosos en los años 1940s-60. En el año 1946 publicó su tesis, la cual se tradujo al inglés como Thought and choice in chess (Pensamiento y elección en ajedrez), en donde realizó una serie de experimentos con diferentes jugadores, desde grandes maestros hasta simples aficionados e incluso principiantes.

De Groot investigó los requerimientos cognitivos de los procesos de la mente cuando tienen que decidir una jugada de ajedrez. Los participantes tenían que enfrentar posiciones en el tablero, dadas por el investigador, en donde éste último anotaba los procesos mentales que iban describiendo los jugadores que fueron incluidos en esta serie de experimentos.

Entre los hallazgos del investigador holandés (que a todo esto, fue parte del equipo olímpico de ajedrez de su país en 1937 y 1939), se tiene que la elección de las jugadas ocurre en los primeros segundos de la exposición a una nueva posición. Hay cuatro etapas en la tarea de elegir un movimiento. La primera es la llamada “fase de orientación”, en donde el ajedrecista evalúa la situación y determina de una manera muy general, lo que debe hacer. Segundo es la “fase exploratoria”, en donde se buscan variantes e las posibles jugadas valoradas. Tercera fase es la “investigativa”, en donde el sujeto elige la que considera como la mejor jugada y cuarta fase, la “de la prueba”, que confirma lo que se pensaba de la posición y la valida.

Para De Groot como para Binet, inclusive, la memoria y percepción visual son los atributos más importantes para resolver los problemas que los ajedrecistas observan en el tablero. La memoria es particularmente importante porque finalmente no hay “nuevas jugadas”, es decir, todas se basan en experiencias pasadas personales (o de otros jugadores), las cuales ocupan muchas veces un espacio en la memoria del ajedrecista.

A los experimentos de De Groot se les llamó “los protocolos”, pues planteó una metodología para tratar de entender lo que pasa por la cabeza de un ajedrecista cuando intenta desentrañar las sutilezas de una posición para encontrar la verdad de la misma, la cual se traduce finalmente en hacer la mejor jugada.

Hoy Phillip Hurtado (un aficionado), ha escrito un libro de ajedrez que toma las ideas de De Groot y las plantea en un contexto moderno, valorando los resultados en un formalismo científico que sin duda tiene su valor. Hurtado invitó a analizar todo género de posiciones a jugadores como Michael Adams, al venezolano Iturrizaga y al peruano Granda, todos de altísimo nivel, a valorar una serie de posiciones que Hurtado diseñó, en donde más de la mitad son del autor de la obra. En opinión de quien escribe, esto le quita valor al trabajo porque hubiese sido más interesante ver cómo los grandes maestros de la actualidad atacan las posiciones mostradas. Aún así, el trabajo tiene cierto rigor científico que no es despreciable.