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Luz Raquel

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Indignación y espanto ha generado la atrocidad de quemar viva a Luz Raquel, la madre de un niño autista. Muchos comentarios en la prensa se han centrado en culpar a las autoridades, mientras que otros analizan la tragedia como parte de la dinámica que afecta cada vez más a nuestro país: el desgarramiento del lazo social. Ambas, la indiferencia de las autoridades hasta formas aberrantes de crueldad, expresan la deshumanización de las relaciones sociales.

Esta joven, que cuidaba a su hijo con autismo 24 horas siete días a la semana, pertenecía al colectivo Yo Cuido, que reúne a un conjunto de organizaciones y personas que comparten el objetivo de impulsar “una reforma estructural y congruente en México para enfrentar los retos presentes y futuros que viven las personas que requieren cuidados y de quienes se los proporcionamos”.

El colectivo Yo Cuido nace impulsado por personas, en su mayoría mujeres, que cuidan a familiares que tienen necesidades de “cuidados intensos, extensos y especializados producto de discapacidad, enfermedades poco frecuentes, diagnósticos crónicos, y/o el paso de los años”. Los problemas y desafíos que viven son inmensos, pues en México no contamos con un Sistema Nacional de Cuidados ni existe una ley de protección a personas dependientes, que aligeren el trabajo extenuante que llevan a cabo las familias y, en infinidad de casos, mujeres solas, como Luz Raquel.

Fue en Zapopan, Jalisco, donde le arrojaron alcohol y le prendieron fuego a Luz Raquel, provocándole las quemaduras de tercer grado en más de 90% de su cuerpo que la llevarían a morir días después. No fue la primera vez que la atacaron. Semanas antes le habían lanzado cloro de uso industrial, que le provocó quemaduras de segundo grado. Aunque ella denunció el hecho y solicitó ser integrada al programa Pulso de Vida, con el objetivo de recibir protección, las autoridades consideraron que no eran creíbles los mensajes “Te vamos a quemar viva” y “Te vamos a matar” pintados afuera de su hogar. Esas amenazas eran provocadas por la molestia que a ciertos vecinos les causaban los gritos del hijo autista de Luz Raquel.

El colectivo Yo Cuido ha llamado la atención sobre que “Luz Raquel no es la única madre y cuidadora que ha recibido amenazas asociadas a la discriminación e ignorancia que se manifiestan en contra de las personas con discapacidad. Además de exigir castigo ejemplar a los responsables de la agresión, así como la investigación debida de la hilera de omisiones de las instancias destinadas a proteger los derechos de las mujeres violentadas”, las integrantes de Yo Cuido exigen lo más importante: que el Estado desarrolle “sistemas de cuidado integrales que contrarresten la vulneración estructural de las personas cuidadoras con cargas intensas y extensas de cuidado”.

Sorprende que, justo en Zapopan, poco antes, el 5 de abril de este año, se instaló un Sistema Integral de Cuidados, lo que lo convirtió en el primer municipio de Jalisco en asumir ese programa. Esta triste coincidencia muestra que responder a las necesidades de cuidado de la población es una compleja tarea que no sólo implica capacitar al personal de gobierno, sino que también requiere un proceso de sensibilización de la ciudadanía. Que el comportamiento de un hijo autista haya sido la razón de la cruel agresión que le causó la muerte a la madre es un indicador de la grave situación de deterioro en que se halla el tejido social de nuestro país.

Los crímenes y violencias que afectan y aterrorizan hoy en día a la población no pueden ser analizados únicamente desde una perspectiva socioeconómica, ni sólo desde una interpretación psicologizante. Es necesario abordar desgarradoras realidades sociopolíticas, como la barbarie de los linchamientos y los feminicidios, con una perspectiva que dé cuenta de la vinculación entre lo psíquico y lo social.

¿Qué significa que Luz Raquel cuidara a su hijo 24/7 mientras su madre la mantenía económicamente? Significa que esa suele ser la realidad en nuestro país: las mujeres, y en concreto las madres, asumen en gran medida solas el trabajo de cuidado. Y la gran mayoría de los seres humanos ve esa situación como algo “natural”: “ellas los paren, ellas que los cuiden”. Esta desigualdad en la repartición de las cargas de trabajo de cuidado, en especial cuando se realiza 24/7, urde la trama del sufrimiento y el desamparo de un sinnúmero de personas, y es lo que el sociólogo Robert Castel llama una “configuración problemática”.

Castel señala que las “configuraciones problemáticas” perturban la vida social, dislocan el funcionamiento de las instituciones y amenazan con invalidar categorías enteras de sujetos sociales. La carga excesiva de trabajo de cuidado, además de que imposibilita la conciliación entre los ámbitos familiar y laboral, sostiene un modelo social que agrava desigualdades y produce conflictos de índole diversa. Es urgente elaborar mediaciones: abrir más instancias y espacios de cuidado, y otorgar a las personas que cuidan derechos y beneficios sociales; o sea, hay que crear un Sistema Nacional de Cuidados y una ley de protección a personas dependientes: niñez, ancianez, personas con una discapacidad o una enfermedad inhabilitante.

Lo que muestra el caso de Luz Raquel, además de la sevicia de quienes cometieron tal atrocidad y de la indolencia de quienes no escucharon su petición de ayuda, es que están invisibilizados los problemas que implica la existencia de personas con discapacidades que requieren un cuidado especial 24/7. Ojalá que la tragedia de Luz Raquel, y de su hijo y de la abuela, sirva no sólo para ampliar una reflexión política acerca de la deshumanización que avanza con el desgarramiento del lazo social, sino también para convocar a un debate público acerca de este gran problema nacional del que se habla poco: la necesidad de tener espacios institucionales de calidad, con acompañamientos profesionales, que releven parcialmente a las familias del brutal agotamiento físico y emocional de su cuidado. Urge un Sistema Nacional de Cuidados y una ley de protección a personas dependientes.