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¡Ah nuestra universidad querida!

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Desde hace tres meses me he sentido tentado a escribir una Carta Pública, una carta abierta del profesor Cruz Coutiño de la Facultad de Humanidades, al rector de la Universidad de Chiapas, al colega Carlos Natarén Nandayapa. Ello a fin de expresar lo que sentimos aquellos docentes y académicos, quienes, a pesar de la institución, logramos acceder al Sistema Estatal y luego al Sistema Nacional de Investigadores. Con disciplina y esfuerzo propio, con jornadas de doce y catorce horas; sacrificando incluso el tiempo de nuestras familias.

Sin embargo, a cambio de cualquier reclamo, decido hacer esta reflexión, debido a que la abstracción y las ideas podrían ser más provechosas a nuestra Universidad y al desarrollo de las instituciones académicas hermanas; en Chiapas, en México, y en cualquier parte del orbe. Nos referimos a las universidades públicas y privadas, a las instituciones de educación superior, y a los organismos que efectúan investigación científica.

Esta reflexión pretendería entonces, la valoración y el reconocimiento de sus recursos humanos. De las personas que forman parte de sus núcleos académicos, intelectuales, formativos. De esos grupos centrales de mujeres y hombres capaces, esencialmente productivos. Personas disciplinadas y estudiosas que trascienden sus pequeñas comunidades laborales, sus escuelas y facultades, sus laboratorios y talleres, su ciudad, su corporación y en ocasiones el territorio conocido. Quienes desarrollan actividades extramuros, aplican encuestas aquí o allá, efectúan trabajo de campo, van a congresos. Pero, sobre todo, efectúan investigación, recaban información, registran y documentan datos.

Quienes sistematizan, generan y divulgan nuevos conocimientos. En nuestro caso, útiles a Chiapas, al desarrollo de sus recursos naturales, físicos e intangibles, al conocimiento de sus realidades, dificultades o problemas, y al reforzamiento de nuestras identidades socioculturales. 

Pero sucede que las universidades no disponen recursos para el financiamiento de investigación. Los profesores se la apañan solos, no son ellos los de las plazas encumbradas y mejores salarios, tampoco los de familias y sucesos de nepotismo y corrupción. Y ello se debe, en nuestra Universidad en particular, a su desvinculación de política, grupos de poder, administración y burocracia. Además de que, en ocasiones las y los académicos prefieren no concursar recursos o estímulos domésticos (PEDPD, por ejemplo), para centrarse en investigación, publicación y acceso o permanencia al SNI mencionado; al Sistema Nacional de Investigadores del CONACyT.

En mi caso, hace años, tras volver con el grado de doctor, ingenuamente creí que al siguiente semestre ―luego de nuestra reincorporación al trabajo y ante la responsabilidad de un proyecto de investigación―, obtendría la calificación y la categoría más alta, de acuerdo con la normativa institucional, aunque ello no ocurrió entonces ni ha ocurrido después.

A pesar de la asesoría del gran Juan Carlos Cabrera Fuentes ―que en paz descanse―, en 2009 no obtuve el reconocimiento del SNI, aunque sí al año siguiente, y desde ahí hasta ahora. Miembro del SNI desde 2010 y hasta 2021, año en que abrigo la esperanza de saltar al nivel II del mismo esquema, aunque contra todo pronóstico esta última evaluación resultó negativa y no fui ratificado.

Ello a pesar de que llegaba a la culminación de mi productividad, con aprendizaje e incorporación de nuevas tecnologías ante la pandemia conocida, escrituración de informes de investigación, libros y artículos, y redacción de textos para la divulgación de conocimientos sobre identidad sociocultural de Chiapas y de la Frontera Sur. Labores de desarrollo institucional y evaluación, e incluso distinciones e incidencia extramuros, expresadas en nuestra calidad de “huésped distinguido” en alguna ciudad yucateca; mi incorporación al  Observatorio de la Religiosidad Popular, nuestra invitación a una “estancia posdoctoral” por parte de la Fundación Carolina, o la divulgación de las biografías intelectuales de dos chiapanecos estrellas: Víctor Manuel Esponda Jimeno, antropólogo e historiador, y Fernán Pavía Farrera, médico y filólogo.

A pesar de mis achaques y de haberme librado de morir ante el Covid, había decidido continuar mis responsabilidades, frente a la confianza que tenía en ser ratificado por el Sistema Nacional. Aunque después, desánimo e impotencia se me impusieron, ante esta nueva circunstancia.

¿Seguir trabajando para quienes no valoran nuestro esfuerzo?, ¿para quienes devalúan nuestra producción académica? Esto debía responder y explicar a todos ―pensé― y luego abandonar la Universidad. Por fortuna durante esos días aciagos, el compañero funcionario Martín Plascencia González, al igual que los académicos amigos Apolinar Oliva Velas y Carlos Rincón Ramírez, sugirieron plantear mi reconsideración al CONACyt. Pues la ganaría según me explicaban.

Me fui a ella y en esa “inconformidad y solicitud de reconsideración” les dije que su valoración estaba errada. Que había sometido a “evaluación siete artículos, tres libros y cinco capítulos de libros. Ocho cursos en licenciatura, dos en la MEC y cuatro en el DER [posgrados inscritos en el padrón nacional], dos tesis de doctorado como revisor principal, seis tesis de licenciatura como director, siete participaciones en congresos, cuatro acciones de divulgación y quince citas que refieren mis publicaciones”.

Que sugería y rogaba “su reconsideración, basándome en dos argumentos nodales: 1. Mi pertinente y razonable producción científica y 2. Mi conducción de un valioso programa de investigación en curso”.

En cuanto al primero […] haber demostrado la publicación de siete artículos, entre ellos el siguiente: Cruz Coutiño, Antonio (2021): “Para una teoría general de la crisis planetaria y de la humanidad” en Archipiélago (Vol. 29, Núm. 113). México: UNAM. pp. 12-17 […]. Tres libros  

de autor exclusivo, distribuidos comercialmente, hoy agotados […]: 1. Cruz Coutiño, Antonio (2018): Mitología y continuidad maya. La creación del hombre y su entorno. Tuxtla Gutiérrez: UNACH y El Errante Editor. 466 pp. 2. Cruz Coutiño, Antonio (2021): ¡Adivina, adivinanza! Primer adivinancero intemporal de Chiapas y Guatemala. Tuxtla Gutiérrez: Universidad Autónoma de Chiapas. 254 pp. 3. Cruz Coutiño, Antonio (2021): Desde la tierra caliente a Los Altos. Tuxtla Gutiérrez: Biblioteca del Aguaje y León de la Rosa Editores. 137 pp. E igualmente, cinco capítulos de libros, entre ellos: Cruz Coutiño, Antonio (2018): “Nuestra chanfaina, del mundo” en La crónica en Chiapas. Una perspectiva del siglo XX. Tuxtla Gutiérrez: Consejo Estatal para la Cultura y las Artes. pp. 338-341”. 

Que “respecto del segundo argumento, [refería] el proyecto de investigación multianual Tesoro del español de Chiapas. Compilación general de los refranes, paremias y frases estables del habla popular. Con el que ahora mismo, por primera vez en la historia, se registra el lenguaje paremial y las frases fijas del español de Chiapas. Modalidad que forma parte del “voceo dialectal americano” y en particular del de Centroamérica. Programa de investigación que pretende, desde la lengua y el habla popular, fortalecer la identidad sociocultural no sólo de Chiapas, sino de la frontera sur de México”.

Remití la solicitud de reconsideración de tres cuartillas el 29/01/2022 y, tras casi cuatro meses de espera, el 13/05/2022 el CONACyT por fin emitió la lista de resultados. En la línea de mi nombre sólo anotaron: “denegada”. Como decimos coloquialmente: ni siquiera se dignaron contestar.

Y ya, voy concluyendo, amigos, con tres ideas finales, tres.

1. Que sí, a pesar de todo y tan sólo por amor propio, me gustaría obtener la última recategorización de la Universidad, para no confirmar que se la conceden sólo a ex rectores, funcionarios universitarios, e influyentes. Aunque no adquiera con ella mayor provecho, pues mi futura jubilación la tengo pactada mediante “cuentas individuales”.

2. Que me gustaría aún, verter mi conocimiento de la Universidad, de Chiapas y de la región centroamericana; mis saberes, habilidades y experiencias, a los trabajos de alguna posición honorífica universitaria. En el Comité Permanente de Finanzas, en el Consejo Universitario, o en la Junta de Gobierno, y 

3. Que, en su momento decidiré mi separación laboral, tan sólo para disponer del mayor tiempo favorable, y con él, volver a mi familia y amigos, y terminar también mis proyectos de investigación pendientes o inconclusos.

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