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Israel y la censura de “Farha” en Netflix

Columnas
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Farha es una niña de 14 años que en la Palestina de 1948 observa el movimiento militar que desembocó en la creación del Estado de Israel. Es lo que deja ver la promoción de la película de la directora jordana Darin J. Sallam, de 2021. Exhibida en la plataforma de Netflix; sin embargo es imposible verla en México y en algunos otros países. Por razones inexplicables, no puede accederse a la película para conocer el relato de lo que los palestinos llaman la Nakba, cuando fueron desplazados de las casas, ciudades y territorios en los que vivían. Todo eso ya se sabe, por lo que no parecen claras las razones por las que no puede verse en esa plataforma y, en cambio, se anuncia la tercera temporada de Fauda, del director Rotem Shamir y otros directores sobre la actuación de un cuerpo de élite de la policía israelí en el contexto de sus disputas con los palestinos, sin mayor problema.

Apenas el 1 de diciembre la ­película subió a la plataforma; en la historia, la adolescente es hija del alcalde de un pueblo palestino; allí ella es inscrita en un colegio, pero hay malos presagios cuando comienzan a escucharse disparos y llamados a la población para evitar un baño de sangre. Sin saber qué hacer, el padre encierra a su hija en una alacena con agua y alimentos, prometiéndole regresar a buscarla. No se sabe cuánto tiempo pasa, mientras ella observa todo lo que está sucediendo. Ve a los soldados israelíes patrullando y escenas que han sido descritas como muy fuertes. Exhibida en el Festival de Toronto, su directora dice que se apoya en la historia real de Radiyyé que, después de haberlo perdido todo, tomó la ruta del exilio hacia Siria.

Para el ministro de Finanzas saliente, Avigdor Lieberman, la película cuenta calumnias sobre los soldados israelíes; y para la ministra de Cultura, Hili Tropper, la difusión de la película en las salas de Israel muestra un tejido de mentiras y difamación. Tales opiniones, aunque se trate del gobierno anterior, marcan el camino que seguiría la película, aunque en Israel no se prohibió.

No tengo noticias de que en otras ocasiones se haya ejercido la censura de ese modo en esa plataforma, que ha alcanzado un éxito inusitado, sobre todo a partir del encierro que la epidemia de covid-19 impuso al mundo. Por lo tanto es difícil saber cuáles pueden ser los motivos que llevaron a dicha plataforma a bloquear esa película.

El asunto aflora en la coyuntura de transición del no tan nuevo gobierno de Benjamín Netanyahu porque, electo en diciembre pasado, el primer ministro llegó por enésima ocasión, acompañado por el bloque político ultranacionalista y más conservador que pudiera imaginarse. Así lo demuestran hechos y acciones que ha emprendido el gobierno en este breve lapso y ya ha presentado a la Knesset (el Parlamento) el proyecto de Ley de Justicia que está provocando fuertes reacciones. La respuesta ha sido notable y apenas hace unos días en Tel Aviv, 70 mil israelíes se manifestaron en contra, y lo han hecho igualmente fuertes personalidades, como la presidenta de la Corte Suprema, Esther Hayut, quien expresó que se trata de “un ataque contra el sistema judicial como si representara el ataque a un enemigo hasta acabarlo”.

El asunto continúa escalando y el exministro de Justicia, Tzipi Livni, acusó a la coalición gubernamental de hacer la guerra contra las instituciones. Incluso el actual presidente, Isaac Herzog, ha declarado que el país se desgarra en una profunda división y se propuso: “Evitar una crisis constitucional histórica y poner término a la fractura persistente en el seno de nuestra nación”.

El poder presidencial, sin embargo, no debe hacerle mella al que ostenta el tantas veces electo primer ministro, que según él ha sido logrado con el apoyo de millones de votantes, lo cual es cierto, como también lo es que siguen abiertos juicios en su contra por corrupción. El gobierno se está definiendo bajo los parámetros más conservadores si apenas el 8 de enero el ministro palestino de Relaciones Exteriores fue retenido en el puesto fronterizo entre Jordania e Israel.

Se dice que se realizó en respuesta al voto de Palestina para llevar el asunto de la ocupación israelí a la Corte Internacional de Justicia, según resolución de la ONU del 30 de diciembre.

Dicha sanción fue acompañada por otras más graves, como la retención del presupuesto para operación y para la ­supervivencia de los palestinos en territorios ocupados, que provienen del pago de aduanas y de otros ingresos. El gobierno israelí desvió 37 millones de euros que correspondían a los palestinos para entregar a las familias israelíes en las que alguno de sus miembros haya sufrido agresión.

Una cuarentena de países ha expresado su desacuerdo con las sanciones impuestas por Israel a la Autoridad Palestina, porque “…cualquiera que sea la posición de cada país sobre las resoluciones, rechazamos medidas punitivas en respuesta…”. Y desde luego apoyaron esa posición los que votaron a favor de la medida de la CIJ, pero también se les unieron los que se habían abstenido, como Francia, Japón y Corea del Sur, o incluso los que habían votado en contra, como Alemania. Igualmente Antonio Guterres, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, expresó su preocupación por las medidas tomadas por Israel.

El gobierno debía considerar que la votación a favor de la intervención de la CIJ se dio después de la presencia sorpresiva en la Explanada de las Mezquitas del ministro israelí de Seguridad Nacional, el extremista Itamar Ben Gvir, acusado de racismo y de incitar los ánimos en contra de los palestinos Y seguramente recuerdan que una acción semejante de Ariel Sharon provocó en el año 2000 la primera y más mortal de las intifadas.

Si no tiene relación la coyuntura que se vive en Israel con la censura a la ­película Farha, pareciera como si la tuviera… si no, por qué sucede algo tan elemental para impedir que los que cuentan con esa plataforma tengan más información sobre Palestina.