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Wed, Oct
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La democracia en México es sumamente pobre, porque existen partidos políticos con una gran pobreza, que reproducen una pobre ciudadanía. En este país la meritocracia no existe, por lo que poco importa si los políticos y los gobernantes tienen talento o si son idóneos para desempeñar el cargo.

La gira proselitista que realiza en comunidades indígenas zapatistas en Chiapas la aspirante indígena a la presidencia María de Jesús Patricio Martínez, despertó expectativas y su visita en el caracol de Morelia resultó impresionante.

La sociedad mexicana se vive un largo e inacabado proceso de construcción de la democracia. Esto se debe al régimen político autoritario que surgió después de la Revolución Mexicana, que se instituyó sobre la tradición autoritaria desde la formación de la nueva república, misma que se consolidó durante todo el siglo XIX.

El exgobernador Pablo Salazar decidió registrarse como candidato independiente al senado, en el que se juega en un volado sus posibilidades políticas. Su aspiración es legítima, pero no así su propósito de retornar a la política de la entidad que gobernó con odios y visceralidad. Por ello, bien vale la pena recordar la editorial publicada el 18 de febrero de este año, “Pablo Salazar y Juan Sabines una historia de revancha”,

La cercanía de los procesos electorales genera un contagio especulativo en la población, que busca adivinar el nombre de los candidatos y el supuesto ganador de la contienda. Esta tendencia a la especulación termina desinformando a los electores y por los intereses que se crean en torno del círculo de los opinadores, se termina fomentando la guerra sucia en las campañas en el que más que discutir las propuestas se dan los ataques y las descalificaciones.

La rebelión indígena zapatista de enero de 1994, se manifestó como una respuesta al fracaso político de la clase gobernante mexicana, quien en 70 años de gobierno, no logró sostener la continuidad de un programa de justicia social y de construcción de un Estado de derecho. Este hecho mostró la  crisis y el agotamiento del régimen político del partido hegemónico y no fue casualidad que el movimiento indígena estallara en Chiapas, la entidad federativa de la República Mexicana con los mayores índices de desigualdad social en el país, y que en ese momento, expresaba las mayores contradicciones de un modelo de modernización económica –que propuso la integración del país al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá-, con la prevalencia de una sociedad tradicional, como la chiapaneca, con una larga historia de resistencia, de conflictos internos por la lucha de la tierra y gobernada por un grupo político con fuertes anclajes al pasado, que establecía como su principal fuente de dominación la violencia institucionalizada.

El verdadero compromiso que tiene el gobierno de Manuel Velasco Coello con la educación se comprueba con la designación del rector de la UNICACH: designó a un empresario exitoso en los negocios de trata.

En enero del 2013 el presidente Peña Nieto realizó la primer gira de su gobierno en un municipio de la entidad, en Las Margaritas, en pleno centro de operaciones del EZLN. Con ello todo hacía suponer, que Chiapas representaba una preocupación real del presidente y que allí iba a realizar anuncios importantes de acercamiento y distensión con el grupo zapatista.

A horas de que inicie formalmente el proceso electoral del 2018, las emociones prevalecen en el ámbito de la gente y con ello se pierde la objetividad sobre los sucesos. Pero a la vez, hay una enorme carga de intereses en el que predomina el beneficio personal sobre el bienestar colectivo de Chiapas, lo que significa, que se pierda de vista la importancia que revisten esas elecciones para modificar los rumbos de la historia en la entidad.

Durante las últimas décadas, el Estado Mexicano abandonó el modelo de economía mixta y abrazó el proyecto de economía neoliberal y con ello sufrió un deterioro la atención de las demandas sociales de la población y la pobreza y desigualdad social creció a niveles alarmantes. Junto a este abandono, el Estado Mexicano vivió un resquebrajamiento en sus instituciones que posibilitó la infiltración del narcotráfico, presente en el país, primero como ruta de paso a los Estados Unidos, luego como productores e introductores al territorio vecino y ahora disputándose el mercado de consumo interno, creándose así los grupos mexicanos ligados al narcotráfico, que permeó los distintos niveles de gobierno y corrompió a todos los cuerpos policíacos y la impartición de justicia.

A finales del 2015, el gobernador Manuel Velasco realizó gestiones para que le ampliaran el presupuesto, Luis Videgaray, secretario de hacienda en ese momento, le negó los recursos, pero además le demostró al presidente de la república que Chiapas había sido beneficiado con 18 mil millones de pesos en obras federales y que en lugar de solicitar ampliaciones presupuestales, la entidad para cubrir sus necesidades, debía de utilizar los mil 800 millones de pesos del diezmo retenido a las constructoras. 

Si alguien pensó que después del gobierno de Juan Sabines no podía haber nada peor para Chiapas se equivocó. El gobierno de Manuel Velasco resultó peor en todo. Lo indicadores económicos así lo indican y el crecimiento de la pobreza en la entidad lo confirman.

Faltan quince meses para que concluya esta administración, que se encuentra inundada en el peor marasmo imaginable, en el que los funcionarios no atienden ni resuelven los asuntos públicos y el gobernador mantiene una indiferencia emocional, como si Chiapas no viviera una terrible crisis social y económica, lo que da síntomas de que se encuentra inhabilitado para tomar decisiones.

En Chiapas no hay gobierno. Desde que inició la administración de Velasco Coello no ha existido gobierno. Lo que hay en una caterva de jóvenes que juegas a ser políticos y se convirtieron en parte de la peor delincuencia que asola a Chiapas.

La pobre cultura política que hay en México se debe en mucho a la sociedad de complicidades que el Estado Mexicano desarrolló con la clase política, con los partidos,  los sindicatos, con el sector empresarial y con la delincuencia organizada, que hace espléndidos negocios con la complicidad  del gobierno.  Esto lo que produce es una impunidad generalizada y redes de encubrimiento y protección institucionalizada.

Durante la campaña del 2012, Manuel Velasco despertó muchas expectativas en la población, que con insistencia lo llamaban el “Güero Maravilla”, y la gente se le acercaba y lo abrazaba, confiaban en que ese joven traía consigo la solución de los problemas ancestrales de Chiapas y que no les iba a fallar.

Chiapas históricamente ha sido mal gobernado y en general, sus gobernantes  han carecido de una visión de futuro y por lo tanto de proyectos de desarrollo. Junto a esto, existe  entre los políticos locales una ideología conservadora, que los convierte en retrógradas y tradicionalistas, cuando se trata de impulsar programas modernizadores en la entidad.

El desprestigio del gobierno de Peña Nieto se profundizó con la desaparición forzada de los estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, que provocó la condena internacional al Estado mexicano, de los más importantes organismos defensores de los derechos humanos.

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