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La resistencia hacia un gobierno malogrado

Editorial
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El historiador Daniel Cosío Villegas señaló que los gobernantes en México tenían un estilo personal para gobernar, pero nunca se imaginó que el peor de esos estilos sería el de la coprocracia –el gobierno del excremento-, que se caracteriza por el desorden, el cinismo, la corrupción y la indiferencia, en donde se considera que el ejercicio de gobierno es irrelevante.

 

En Chiapas se tiene un gobierno característico de la coprocracia. La situación social y económica de la entidad ha llegado a condiciones críticas y la respuesta del gobierno es no sólo la indiferencia sino que de manera frívola, tomó la decisión  de despedir a miles de trabajadores, con la finalidad de reducir el gasto y tener un ahorro que le permite estar en condiciones de hacer las devoluciones económicas de las irregularidades del gasto público detectadas por la Auditoría Superior de la Federación. Esto significa que este gobierno decidió sacrificar a sectores de la población, que proceder al fincamiento de responsabilidades a funcionarios públicos que incurrieron en irregularidades y desvíos del presupuesto.

El futuro inmediato de Chiapas se prevé cada vez peor, en virtud de que no existen políticas de contención que mitiguen la crisis económica que hay y que los pronósticos indican que el próximo año va a ser peor.

Junto a esta crisis la entidad vive un gobierno que perdió todo sentido y que envía señales que reafirma la incertidumbre, en el que todas las acciones de gobierno, por muy positivas que parezcan han perdido credibilidad y despierta suspicacia y desconfianza.

La situación social de Chiapas debiera de obligarnos a una convocatoria a la unidad, para evitar el precipicio que se avecina. Pero el gobierno está muy lejos del papel que se esperaba debía desempeñar y se convirtió en el principal factor de división de los chiapanecos, y con la intervención grosera en el proceso electoral se convirtió en el principal promotor de la violencia.

Frente al grueso de funcionarios cínicos e indiferentes, el hartazgo y el malestar de la gente ha ido gestando a una resistencia disímbola –que se manifiesta como nuevas ciudadanías, que exige sus derechos y que se plantea un ejercicio de gobierno diferente-, pero que no logra cohesionarse y tiene dificultades para articularse y conformar una resistencia más compacta y organizada, pero que a diario manifiesta su inconformidad y cada vez con mayor presencia organiza y convoca a la movilización de la sociedad.

Este núcleo de resistencia se mira entre sí con desconfianza y privilegia más sus diferencias que sus coincidencias, lo que la hace vulnerable y con poca capacidad de respuesta a la indiferencia del gobierno y ante el desánimo del gobernante.

Este problema de ausencia de organicidad en los grupos y personas en la resistencia, propicia la tensión entre ellos y eso genera mayor confusión entre las personas. Sobre todo, porque existen personeros que se manejan dentro de un discurso de la resistencia, que inclusive es ácido e irreverente, pero que en realidad se manejan en el oportunismo y se convierten en un fuerte obstáculo para la convergencia de luchas, objetivos y propósitos... 

Lo ideal es que los distintos grupos de inconformes en la entidad lograran tener una mayor cohesión y que la coyuntura electoral del 2018 fortaleciera a nuevos liderazgos, que finalmente logre contrarrestar el cinismo con que se manejan los políticos actuales. Esto significaría un avance importante, porque de esa manera se evitaría la continuidad del gobierno de la coprocacia, que el gobernador Manuel Velasco pretende al costo que sea refrendar.