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Manuel Velasco: El final de la aventura

Editorial
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La crisis que hay en este momento en Chiapas se debe fundamentalmente a la falta de interés y de oficio que hay en la casa de gobierno. A seis meses de que concluya este malogrado gobierno para Chiapas, se puede afirmar que siempre hubo una ausencia de programas de gobierno; que jamás se preocupó por la  eficacia y eficiencia en la atención de las demandas de la población; el gobernador, pese al desastre en que tuvo y tiene a la entidad, no se preocupó en ajustar su gabinete, aún y cuando resultó evidente que la mayoría de ellos estuvieron rebasados por los límites de su incompetencia; para mal de la población, la corrupción de muchos de los colaboradores de Velasco Coello se percibe a simple vista y muchos de ellos se enriquecieron, construyeron casas, rehabilitaron ranchos y adquirieron propiedades por encima de los ingresos anuales que perciben como funcionarios, en total complacencia del gobernador que siempre estuvo enterado de las tropelías que hicieron sus colaboradores.

 

Ha sido un comentario frecuente que al gobernador sólo le interesan las elecciones. Lo paradójico de ese interés es que no cuidó su propia sucesión y hoy la contienda está convertida en un verdadero cochinero, con ilegalidades promovidas por el propio gobernador, quien cree que la inmunidad que requiere para él y su familia la logrará haciendo ganar a uno de sus alfiles, por eso habilitó como candidato a la gubernatura a Fernando Castellanos, el más inescrupuloso de todos sus colaboradores.

Sin embargo la situación se le complica al gobernador, en virtud de que nadie toma decisiones y la caricatura que tiene como secretario de gobierno considera que se debe de imponer la mano dura para restablecer el orden y suele utilizar a la policía para desalojar los cierres carreteros con desastrosas consecuencias, porque eso en lugar de aminorar el malestar lo acrecienta. Mario Carlos Culebro, el maniquí que finge ser el secretario de gobierno, no entiende que la política es el arte de construir acuerdos y su ineficacia la quiere suplir con el uso de los cuerpos policíacos.

En el gobierno de Chiapas no hay ningún personaje que tenga influencia política en la población y que convoque a la construcción de acuerdos. Situación que va a agudizar los problemas de gobernabilidad en la entidad. De allí la incertidumbre electoral que hay en varios sectores de la población, sobre todo en grupos empresariales, que perciben con claridad que el único interés de Manuel Velasco es salvar su cabeza, sin importarle que Chiapas sufra otros seis años de desorden gubernamental, lo que significaría el deterioro total de la economía y de la política en el Estado.

En Chiapas los políticos y funcionarios de los tres niveles de gobierno no lograron entender que el propósito de la actividad política es la de responder a la creación de una sociedad en las que se reproduzcan la libertad, la convivencia democrática, los derechos humanos, el respeto a la diferencia, los anhelos por la paz, el respeto al medio ambiente y una lucha permanente por la construcción de mejores estándares de vida para la población. Y como no entienden este espíritu de la política, estos aprendices de políticos prefieren manejarse en la ilegalidad, en el cinismo, en la opacidad, en la corrupción y en la impunidad y creen que esta aventura que les tocó vivir es para siempre, por eso disputan el proceso electoral como la continuidad de las fechorías y el enriquecimiento y no tienen el mínimo interés por entender que la sucesión de la gubernatura entraña la posibilidad de construir nuevos rumbos para Chiapas y que otra mala decisión, como las últimas que han habido en las votaciones para gobernador, significan riesgos para la seguridad nacional del país, en donde Chiapas pierde.