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¿En dónde está el gobernador?

Editorial
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Mal termina este gobierno, en donde se están ventilando múltiple conflictos sin que exista autoridad alguna que busque atender y resolver estos problemas.

De manera simultánea están los conflictos poselectorales en varios municipios; los asaltos en las carreteras que generó muchas cancelaciones de hospedaje de turistas que decidieron ya no viajar a Chiapas; la protesta de los damnificados de los sismos de septiembre a quienes no se les ha cumplido con los apoyos; el homicidio sucedido en la Escuela Normal Rural de Mactumatzá, que sería el segundo en un año con las mismas causas; la protesta en el Ejido Jerusalén de Las Margaritas por la usurpación y falsificación de documentos que realizara Roberto Rubio para estar en condiciones de registrar su candidatura como diputado federal por el distrito 11 por la alianza PRI-Verde; la protesta de los profesionistas indígenas convocada para el próximo martes, debido a la violación de los derechos políticos de los pueblos indígenas al haber cancelado la posibilidad de que haya una representación popular indígenas en el Congreso, aún y cuando se establecieron para Chiapas cinco distritos electorales indígenas; la reincidencia de los feminicidios; la protesta masiva de los taxis concesionados en contra del incremento de los taxis piratas que le producen a los funcionarios del gobierno ingresos millonarios.

Chiapas en este gobierno representa la cara del caos. Lo grave es que el gobernador Manuel Velasco Coello tiene semanas de que no vive en Chiapas, en el que está más atento en atender el reconocimiento de la senaduría que le regalaron, y en los últimos días sólo vino unas horas en San Cristóbal de Las casas para estar presente en la entrega del reconocimiento que se le hiciera el miércoles al Obispo Felipe Arizmendi.

Es obvio que a Manuel Velasco no le importó Chiapas ni cuando inició su gobierno menos ahora que ya terminó, pero la ausencia de la autoridad en la entidad está generando graves problemas de gobernabilidad, que terminará ocasionando mayores conflictos para la transición del gobierno.

El futuro de Chiapas no es nada halagüeño, pues vive una crisis financiera por el despilfarro presupuestal de los últimos gobiernos y porque la entidad paga 2 mil millones de pesos anuales por una deuda pública que nadie sabe a ciencia cierta porqué y cómo se generó, pero que Velasco Coello se negó a investigar y fincar responsabilidades a los funcionarios públicos que ocasionaron este desastre financiero.

Lo sorprendente es que el vacío y la ausencia de gobierno no la cubre el gobernador electo Rutilio Escandón, que se encuentra realizando giras que son desatinadas frente al cúmulo de problemas que tiene la entidad y que debiera ameritar su intervención, pero ni siquiera existe un grupo designado para la entrega recepción, que empiece a dimensionar la magnitud de los problemas que se van a heredar. Pero sobre todo, para que tengan claro que Chiapas no va a tener los 85 mil millones de pesos de presupuesto que tiene actualmente, debido a que va a recibir un castigo en sus recursos, debido a la poca eficacia que se ha tenido en el manejo del gasto, en el que no hay resultado positivo alguno del ejercicio presupuestal.