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Violencia y ausencia del Estado

Editorial
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Ahora le tocó a Comitán la ausencia de gobierno. Ayer hubo un enfrentamiento en la Central de Abasto de esa ciudad con saldo de cuatro muertos –tres dice la FGE en un video-, y varias decenas de heridos.

 

Ya se ha dicho que los problemas de violencia y de gobernabilidad van a ir en aumento porque en Chiapas hay una inacción del gobierno. Y cómo no van a multiplicarse estos sucesos si hay un gobernador que cobra y realiza negocios bajo el amparo del poder pero que ya no está en Chiapas y un secretario de gobierno  más interesado en convertirse en el más importante comprador vehículos, sólo porque alguien le aconsejó que esa era una buena manera de lavar dinero. De allí que con ese tipo de autoridades, que paradójicamente representan a la máxima autoridad estatal, nada bueno le espera a la entidad en la próximas semanas.

Así como en el caso del deceso del estudiante de la escuela normal rural de Mactumatzá, en el que existe por parte de la autoridad educativa el delito de homicidio por comisión de omisión, en los muertos de Comitán, estas muertes deben tener el mismo tratamiento y se debe procesar a funcionarios municipales y del gobierno del estado como homicidas de comisión por omisión, porque éstos están obligados a conocer de los conflictos que hay en los mercados en la entidad y tomar las medidas preventivas para evitar estas confrontaciones.

No hay nada peor en una sociedad que cuando la violencia se acrecienta por la ineficacia del gobierno, sobre todo porque una función social irrenunciable del Estado es garantizar la seguridad de los ciudadanos, pero los fracasos que hay en esta materia son inocultables, y entonces la impunidad aparece en la multiplicidad de los delitos.

En Chiapas en este momento ya no hay una ausencia de gobierno sino una ausencia del Estado. Situación preocupante que debiera de obligar a repensar los tiempos para acortar el período del cambio de gobierno, pues existen cinco meses después de la elección, en donde existe la indefinición política con un conjunto de autoridades que ya dejaron de mandar y un gobernador electo impedido para tomar decisiones que eviten el desastre social.

Por ello bajo las condiciones de ausencia de Estado que vive Chiapas, lo más saludable es acortar los tiempos de la sucesión y el nuevo gobierno, que encabezará Rutilio Escandón, debiera de entrar en funciones el 1 de octubre, junto con los presidentes municipales y el Congreso Local.