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La abulia de Rutilio Escandón

Editorial
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Tres son las grandes tareas que debe buscar cumplir el inicio de un nuevo gobierno, que hizo campaña ofertando expectativas a la población: la primera, integrar un gabinete intachable, con prestigio y reconocimiento; segunda, tener ideas y proyectos que dejen claro para qué se quiere gobernar y tercera, gobernar con eficacia desde el primer minuto de inicio el gobierno.

 

Estas tres tareas no las está considerando el gobernador electo Rutilio Escandón, quien viene realizando reuniones con diferentes grupos, pero en el que no presenta acciones concretas ni oferta rumbo y certidumbre.

A la fecha no se conoce ningún nombramiento de sus colaboradores, lo que implica que no hay gabinete. Lo extraño de esta situación es que permanecen con él personajes que han sido señalados por enriquecimiento inexplicable por el paso que tuvieron en el Tribunal de Justicia, en donde Julio Rincón, Javier Jiménez e Ismael Brito Mazariegos, difícilmente pueden salvarse de una investigación por delincuencia organizada y lavado de dinero.

Pero además se mencionan nombres que pueden llegar a integrar el gabinete, como Jorge Antonio Morales Messner, quien fuera detenido en el gobierno de Juan Sabines por malos manejos en su desempeño como secretario del transporte; igual se menciona el nombre de Ernesto Gutiérrez, vinculado con el exgobernador de Tamaulipas Tomás Yarrington hoy detenido por presuntos vínculos con el narcotráfico, Nemesio Ponce, aquel médico señalado por rehabilitar a Juan Sabines Guerrero en las crisis generadas por su adicción, quien se enriqueció con el manejo de los recursos públicos y quien está señalado por su presunta vinculación en el asesinato del líder contra la minería en Chicomuselo, Mariano Abarca y por último está Amador Rodríguez Lozano, aquel mago que convirtió dos toneladas de cocaína en lactosa en los tiempos en que fue el ministro de justicia en el gobierno de Sabines Guerrero.

Las cartas credenciales de las personas que caminan a lado de Rutilio Escandón, así como la ausencia de presentación de proyectos claros de gobierno en las reuniones que organiza, no auguran un buen inicio del próximo gobierno, en el que no se visualiza que vaya a gobernar desde el primer día. Y esto representa el mismo problema que tuvieron Juan Sabines y Manuel Velasco, en el que ambos iniciaron con medio gabinete del gobierno anterior y sin ideas claras de para qué y cómo gobernar, y terminaron siendo los peores gobiernos, que tienen hundido a Chiapas en la miseria, con la mayor tasa de desigualdad social en el país; en donde el índice de desarrollo humano en el Estado de Chiapas, es comparable al IDH del África Subsahariana.

La situación social de Chiapas no es para experimentar y menos para llegar a aprender. Y hasta este momento no se perciben ideas claras en el gobernador electo para mejorar las condiciones sociales de la entidad ni para restablecer la gobernabilidad en una sociedad que tiene deteriorados los vínculos comunitarios y de solidaridad; en donde resulta urgente construir los espacios de mejora de la vida pública, en el que ya no se puede repetir a coro que López Obrador quiere a Chiapas porque simplemente él va a ser el presidente del país y no el gobernador de Chiapas.

Frente a esta abulia manifiesta por Rutilio Escandón, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador, ha delineado tres proyectos que van a polarizar y confrontar a la sociedad chiapaneca: él ya manifestó su conformidad de las mineras canadienses en el país lo que afecta gravemente a miles de hectáreas del territorio de los pueblos indígenas, que ya manifestaron su desacuerdo a este proyecto; López Obrador ya planteó la reforestación de miles de hectáreas de la Selva Lacandona, cuyo propósito resulta positivo, pero esta propuesta de acuerdo al Convenio 169 de la OIT, debe someterse a consulta de los pueblos indios, cosa que no se efectuó y el presidente de los Bienes Comunales de la Selva Lacandona ya manifestó su desacuerdo a este proyecto; por último, están los intereses de Alfonso Romo en Chiapas, principal promotor de los transgénicos en la entidad, en el que sus empresas serían las principales beneficiadas de ese programa de reforestación planteado por AMLO, en virtud de que Romo posee la tecnología para producir los millones de árboles que se requieren para echar a andar ese ambicioso programa de reforestación en La Selva Lacandona.