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La agresión a Manuel Velasco en Huitiupán

Editorial
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En el municipio de Huitiupán existe una importante tradición de lucha política. A Principios del año de 1977 ahí  inició el camino de la lucha por la tierra y se presentó la primer invasión de una propiedad, que tuvo como propósito el de recuperar las tierras de los pueblos indígenas que se encontraban en posesión de rancheros en la región. Con la primer invasión promovida por habitantes del ejido Lázaro Cárdenas, se generó una ola de invasiones de plantaciones cafetaleras, promovidas por peones acasillados que estaban vinculados a la CIOAC.

 

Estas invasiones provocó la intervención de la procuraduría de justicia del Estado, que realizó desalojos, aprehensiones y asesinatos, y estableció una política de violencia institucional con un costo político y social en la entidad, pues la lucha por la tierra ocasionaría enfrentamientos recurrentes de organizaciones indígenas y campesinas en contra del Estado.

En ese municipio se vivió también una lucha por varios años en contra de la construcción de La Presa de Itzantún, que pretendía inundar en la década de los 70s más de 24 mil hectáreas de superficie de tierra laborable y que afectaba también tierras de otros municipios de la región como Amatán, El Bosque, Simojovel, Clachihuitán y Pantelhó. Después de décadas de resistencia en contra de este proyecto, en el que se organizaron en los 80s marchas de Simojovel a Tuxtla Gutiérrez, la construcción de La Presa de Itzantún fue clausurada de manera definitiva en el año del 2004.

Esta tradición de lucha es importante recordarla, en virtud de que la protesta del día de ayer en contra de la presencia del gobernador en Huitiupán, no es producto de la casualidad. Ahí existen organización comunitaria y desde que se supo que el gobernador tenía programada la inauguración del hospital la población empezó a reunirse.

Un día antes se reunieron los representantes de barrios, y a pesar de que hubieron intenciones por desmovilizar la protesta, grupos de población acudieron a las afueras del hospital a manifestar su rechazo al gobernador del Estado. Esta protesta es un reflejo del encono que hay hacia Manuel Velasco, pero al mismo tiempo es un indicativo de la fragilidad del sistema de vigilancia y de protección al gobernador.

Sucesos como el de ayer también muestran no sólo los niveles de inseguridad que hay en la entidad sino también los problemas de gobernabilidad que existen y que van a continuar presentándose.

En Chiapas se perdió ya el respeto a la investidura del gobernador, a punto tal que la población le reclama y lo confronta como sucedió el día de ayer. Políticamente eso causa aplauso y emociones, pero se pierde vista que la ausencia de autoridad y del ejercicio del poder afecta a toda la población. Los intentos de linchamientos o los gritos de amárrenlo hace vulnerable a todo Chiapas, debido a que la ausencia de la autoridad deja el campo libre para el control de las calles a la delincuencia organizada, y bajo esa situación nos colocamos en una condición en la que todos pierden.  

Es cierto que Manuel Velasco nunca debió de haber regresado a la gubernatura de Chiapas. Es cierto que Velasco Coello pisoteó y vulneró las normas y generó leyes a su personal conveniencia. Es cierto que Manuel Velasco debe ser sancionado por sus excesos de frivolidad, su indiferencia ante los problemas de Chiapas y la corrupción generalizada de su gobierno. Pero llevar este malestar a la agresión física, solo propicia que se vulnere la seguridad de la propia sociedad chiapaneca.