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Los retos del nuevo gobierno

Editorial
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Los últimos gobiernos le hicieron un daño terrible a la entidad. Primero degradaron la política y con ello degradaron a los partidos, a las organizaciones sociales y al gobierno mismo. Luego hicieron que las dádivas económicas sacrificaran los derechos políticos y civiles de la población y lograron que los resultados electorales se definiera por la población que vive en mayores condiciones de vulnerabilidad, donde a través de la compra del voto se han definido a los triunfadores de las contiendas electorales, lo que evidencia la falsedad de las elecciones libres en Chiapas...

 

La degradación y sumisión de los partidos inició con la amplia alianza partidaria que llevó al poder a Pablo Salazar y que los constituyó en gobierno, y ya como gobierno se desnaturalización como oposición. La ausencia de oposición se convirtió en una  entrega de los partidos en el gobierno de Juan Sabines, quien puso a las dirigencias de los partidos bajo control del gobernante, lo que le permitió a éste imponer las candidaturas de los partidos en todos los puestos de elección popular, al grado que se convirtió en el único elector y en las elecciones federales intermedias del 2009, definió que el PAN, el PRD y el PRI, se quedaran cada uno con cuatro diputaciones federales, lo que hasta ese momento se convirtió en el fraude electoral perfecto.

Ese control de los partidos y sus dirigencias la heredó Manuel Velasco, quien no sólo tuvo el control del proceso electoral del 2018 sino que, a través de una alianza con AMLO, logró copar a MORENA, e imponer en este partido los candidatos a la gubernatura, al senado, a las diputaciones federales, a presidencias municipales y a la diputación local.

Esta alianza fue lo que le permitió sobrevivir a la debacle de gobierno que tuvo y le permitió constituirse en uno de los puentes del presidente Peña Nieto con Andrés Manuel López Obrador, lo que le abrió las puertas a la continuidad del poder, en el que violando la constitución lo hicieron de último momento senador de la república y en medio de un escándalo político, que melló la credibilidad del nuevo gobierno, y al margen de la legalidad, obtuvo una doble licencia: primero la de gobernador, que le permitió tomar protesta en el senado y luego como senador, lo que le permitió retomar la gubernatura de Chiapas.

Esta maniobra le permitió a Velasco Coello mostrar su cercanía  en la estructura de AMLO y mantener el control en el cambio de gobierno, ante un Rutilio Escandón apagado, que no logra imponer su imagen sobre la figura del gobernador, y en donde se corre el riesgo que medio gabinete de Velasco Coello permanezca, tal y como sucedió en los gobiernos anteriores, que mostraron debilidad de gobierno en el inicio y eso les impidió gobernar desde el primer minuto de la toma de posesión.

En este sentido, el gran reto del nuevo gobierno en la entidad, es el de tomar decisiones políticas desde el primer minuto y  revertir esta degradación de la política y del gobierno, que en los últimos 12 años le ocasionó a la entidad un subdesarrollo brutal, en donde creció la pobreza y se profundizó la desigualdad social, pero lo más grave, es que se derrocharon 750 mil millones de pesos, que empleados de manera eficaz, debieron de haber cambiado los rumbos de la historia de Chiapas.