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AMLO en Chiapas

Editorial
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La visita de Andrés Manuel López Obrador a Chiapas el día de ayer, deja varias lecturas políticas. La primera, que incomoda a muchos chiapanecos, es que la cercanía que existe entre el gobernador Manuel Velasco con AMLO es real y no un acto de conveniencias, esto viene a fortalecer la opinión de que el gobernador de Chiapas se incorpora al gabinete del próximo presidente de la república; otra consideración de esta visita, es la manera en cómo el gobernador acuerpó simbólicamente al presidente electo con sus excolaboradores, lo que deja claro quien fue el organizador del acto, a punto tal que MORENA ocupó un papel intrascendente; La visita de AMLO también es un mensaje hacia el gobernador electo y al presidente municipal de Tuxtla Gutiérrez, que han venido utilizando un discurso beligerante, de acusaciones y ajustes de cuenta –que se contrapone al discurso de López Obrador que no ha sido de revanchas y rencores-, lo que los deja mal parados enfrente del presidente electo, pues éste ya decidió blindar a Velasco Coello y seguramente a sus colaboradores.

El mensaje de López Obrador también tiene lecturas políticas, que se traducen en miles de millones de pesos para la entidad. Se comprometió a destinar apoyos de becas y empleos para los jóvenes, para los adultos mayores, a mejorar los programas de Prospera y habló de abrir cinco universidades en igual número de municipios. Esto sin duda resulta alentador, pero se corre el riesgo de repetir la historia en donde varios gobernadores tuvieron significativos apoyos del presidente en turno sin que esto haya cambiado el rostro de penurias y desesperanza en Chiapas. Véase por ejemplo la relación de Patrocinio González con Carlos salinas de Gortari; la relación de Pablo Salazar con Vicente Fox; Juan Sabines con Felipe Calderón y la de Manuel Velasco con Enrique Peña Nieto.

La historia de Chiapas nos dice que la mejora del Estado no es a través de mayores recursos y del aprecio del presidente hacia la entidad, sino de proyectos de desarrollo. Y aquí es donde las cosas continúan siendo inciertas para la entidad, pues la visión del desarrollo ha sido impuesta a la población chiapaneca desde el centro del país, así fue con la decisión de la construcción de las hidroeléctricas y la explotación del gas, y en este sexenio así va seguir sucediendo, en donde el presidente electo habla de un programa de reforestación en La Selva, la construcción del Tren Maya y la explotación de las empresas extractivas en la entidad, sin que esto sea sometido a consulta con la población.

Sobre la realización de estos tres grandes proyectos, existen resoluciones de Cortes internacionales, que obligan al Estado a una consulta en las comunidades indígenas,  para el consentimiento previo e informado, sin que haya visos en que el nuevo gobierno pretenda llevarla a cabo y está desestimando los comunicados del vocero del EZLN que desde La Selva viene convocando al rechazo de ese modelo de desarrollo que se pretende imponer a las comunidades indígenas.

Lo que es un hecho es que en Chiapas no existen proyectos de desarrollo que se contrapongan a los designios previstos por AMLO para la región. Cada vez resulta más claro que Rutilio Escandón no tiene el plan de gobierno que Chiapas necesita y lo más grave es que en la entidad no existe una cultura emprendedora ni de esfuerzo ni se estimula la innovación. Situación que echa a perder cualquier inversión destinada a mejorar las condiciones de la población como ya se vivió la entidad en anteriores gobiernos.