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El cambio con los funcionarios adecuados

Editorial
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Chiapas requiere de un viraje urgente de la política y Rutilio Escandón está obligado a responder a ese cambio que se manifestó en la urnas y terminó beneficiándolo. Pero el cambio que se espera tiene su punto de partida en la designación del gabinete y lamentablemente alrededor del gobernador electo se perfilan personajes que no garantizan ninguna transformación y representan más de lo mismo.

 

Así aparecen nombres como Amador Rodríguez Lozano, Nemecio Ponce, Ricardo Aguilar Gordillo, Ernesto Villanueva, Jorge Morales Messner, Jorge Luis Llaven Abarca, José Antonio Molina Farro, todos ellos con ligas de complicidad en el gobierno de Juan Sabines -y por lo tanto  beneficiarios de la política de impunidad que instauró Manuel Velasco-, así como personajes que vienen colaborando con el gobernador electo desde el Tribunal de Justicia, que no son garantía de honradez ni de eficiencia y que algunos de ellos están ampliamente señalados por sus actos de corrupción y enriquecimiento inexplicable.

Lo grave de esta situación es que Rutilio Escandón conoce perfectamente la historia de cada uno de estos personajes, lo que resulta inexplicable que con ellos pretenda impulsar un programa de transformación de Chiapas y poco creíble que una de sus acciones sea el combate frontal a la corrupción, en virtud de que el próximo gobierno surgió de esa corrupción que hoy extrañamente cuestiona y se compromete a erradicar.

El cambio y la transformación que anhela la población chiapaneca no se construye con promesas en el discurso sino con acciones concretas y determinantes de renovación, como bien puede ser, dar a conocer su gabinete para que se acaben con las especulaciones sobre las malas compañías que lo rodean.

Rutilio Escandón ha señalado enfáticamente que su más grande deseo es gobernar y servir a Chiapas y seguramente su expresión sea verdadera; pero por si solas sus palabras no son suficientes, pues Rutilio Escandón debe demostrar que está preparado para gobernar a Chiapas y allí saltan muchas dudas. Primero, porque no conoce las problemáticas de Chiapas; segundo, porque no tiene equipo para gobernar; tercero, porque no tiene plan de gobierno; cuarto, porque la crisis financiera del Estado no le va a permitir hacer frente  a la sobrecarga de demandas que va a tener el gobierno; quinto, porque la mayoría de las presidencias municipales fueron ganadas por personajes de bajo perfil; sexto, porque uno de los más grandes problemas que padece Chiapas es la falta de justicia y él terminó prostituyendo al tribunal de justicia... y séptimo, porque en Chiapas existen grupos de la sociedad civil y de la Iglesia, que están organizados en torno a la oposición a los macroproyectos, lo que indica una resistencia, sobre todo en poblaciones indígenas, a los proyectos más importantes del gobierno de López Obrador hacia esta región.

La tarea de sacar adelante a Chiapas es una tarea en extremo complicada, que hay que decirlo, no se podrá realizar en los próximos seis años, y menos si no son incorporadas las personas adecuadas en el gabinete de gobierno.