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Sacrificar a la UNACH o renovarla

Editorial
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El proceso de designación de rector en la UNACH está marcada por la peor crisis financiera y de sentido de la institución, que una mala decisión profundizaría su ya difícil situación. Tiene una deuda superior a los mil millones de pesos y no ha cumplido con la función social que toda universidad debe realizar, generar conocimientos que contribuyan a resolver los problemas sociales y de desarrollo sostenible de la región y formar profesionistas ciudadanos críticos, emprendedores y con un importante compromiso social.

 

La UNACH no ha sido importante para los gobiernos chiapanecos. Ninguno de ellos ha tenido la claridad del papel de la universidad. Sólo la han visto como la que se encarga de impartir licenciaturas sin conocer que esas sean pertinentes y de calidad. También la han visto como un espacio que genera espacios para colaboradores, sin considerar si estos tienen los perfiles adecuados o no.

Desde su origen, la UNACH ha tenido un descuido en el nombramiento de sus rectores y éste ha sido una atribución del gobernador aún y cuando la ley le otorga la autonomía como un mecanismo de protegerla del intervencionismo gubernamental. Bajo ese criterio se puede señalar que la UNACH ha tenido rectores que han sido perniciosos e irresponsables para la institución, pero también hay que reconocer que han habido rectores que actuaron de buena fe y con interés de mejorar las condiciones de la institución.

Las instituciones de educación superior en el país vivieron una crisis de financiamiento en los años ochenta, como la vivió en general la sociedad mexicana, pero en los años 90 el Estado mexicano impulso una serie de políticas para mejorar los indicadores de eficiencia y productividad de las universidades y creó fondos presupuestables concursables para promover proyectos de desarrollo al interior de las universidades. Esta política fue aprovechada por varias universidades públicas estatales, entre ellas la UNACH, lo que le permitió obtener becas para que los profesores pudieran realizar estudios de posgrados tanto en el país como en el extranjero. Pero al mismo tiempo, la federación empezó a otorgar plazas de tiempo completo a las universidades para mejorar la planta docente, pues éstas debían de otorgarse preferentemente a docentes que tuvieran el doctorado. Asimismo con recursos federales asignados por la secretaría de hacienda se creó para las universidades públicas el programa de estímulos para el personal académico, con el fin de mejorar la productividad de las instituciones, en el que los docentes podían obtener apoyos adicionales con montos que superaban su salario nominal.

Estas políticas nacionales ayudaron a la UNACH, pues fue a partir de ello en que se inició con la consolidación de la planta de profesores de tiempo completo, en donde muchos de ellos realizaron estudios de posgrado. Este impulso de la universidad se empezó a pervertir en el año dos mil, con uno de los peores rectores que ha tenido la universidad, que con criterios políticos clientelares empezó a manejar la universidad y se abandonó la posibilidad de construir un proyecto de desarrollo académico para la institución. Se otorgaron plazas de tiempo completo asignadas por la federación a personal que carecía de posgrados, se pervirtió el programa de estímulos al personal académico, se descuidaron los perfiles de contratación, se disparó la contratación de personal administrativo, sobre todo de confianza, a punto tal que hoy día hay en la universidad dos mil profesores de diferentes categorías, en donde 800 son de tiempo completo, pero hay tres mil trabajadores administrativos.

La crisis financiera que vive la universidad ya se preveía desde años anteriores. Inclusive en la designación de rector en el año 2014, esa problemática fue discutida entre un grupo de docentes que exigieron al gobierno que sacara las manos del proceso de designación de rector. La decisión del gobierno no pudo haber sido peor de lo que realmente fue; impuso al peor de los candidatos que se registró, pisoteando la legislación universitaria en donde la Ley Orgánica de la UNACH fue modificada al vapor, con el fin de que se pudieran cumplir con los aviesos intereses del grupo de poder que impuso al Dr. Carlos Eugenio Ruíz Hernández.

Desafortunadamente ese grupo de poder controla la universidad y tiene como cabeza a Jesús Agustín Velasco Siles, tío del actual gobernador, que utiliza a la UNACH como parte de su proyecto personal y busca influir en la designación del próximo rector, en condiciones políticas donde Jesús Agustín Velasco tiene mayor influencia sobre Rutilio Escandón que sobre su propio sobrino Manuel Velasco. Para ello se prepara una nueva imposición de la autoridad en el que juegan candidatos externos e internos de la institución.

Jesús Agustín Velasco ya controla la Fundación UNACH, que como Asociación Civil, está facultada para extender recibos exentos de impuesto e hizo de esa Fundación una estructura de la iniciativa privada para recibir recursos para programas y proyectos al interés personal de este personaje, que lo que menos le interesa es el fortalecimiento de la vida universitaria y el cumplimiento de los fines sociales de la universidad.

Por ello la disyuntiva que tiene la UNACH es simple, sacrificar las posibilidades de desarrollo académico o la renovación universitaria. Esto reflejado en el entorno del proceso de designación de la universidad se traduce; en permitir que Jesús Agustín Velasco, imponga el próximo rector, lo que significa la destrucción de la universidad o que la comunidad universitaria exija a los miembros que integran la Junta de Gobierno de la UNACH, que cumpla con su responsabilidad universitaria y que designe un rector con posibilidades de impulsar un proyecto de renovación universitaria, que le de rumbo y calidad al trabajo académico que se realiza al interior de la institución.