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La UNACH entre el cinismo y la desmemoria

Editorial
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La administración de Carlos Eugenio Ruíz Hernández en la UNACH es indefendible. Su pésimo manejo financiero generó una deuda peligrosa para la universidad, que pone en riesgo la viabilidad de la institución, pues el monto de la deuda es una cantidad similar al total del presupuesto anual que se le asigna a la universidad.

Pero el daño no sólo es financiero sino de rumbo académico, no pudo sacar adelante un proyecto académico y no constituyó políticas de mejora de los indicadores de calidad y productividad de la universidad. Pero el mayor daño que le hizo a la UNACH está en la entrega que le hizo al sindicato del manejo y administración de la contratación y la promoción del personal académico, decisión que convirtió la vida académica en clientelismo político y que resulta violatoria a las disposiciones contenidas en el párrafo VII del artículo 3º de la constitución mexicana.

La herencia de Carlos Eugenio Ruíz Hernández en la UNACH es la mediocridad y la corrupción, como rector permitió la reducción del presupuesto de la universidad y fue incapaz de exigir al gobierno del Estado el cumplimiento de sus obligaciones presupuestales convenidas con la SEP. A la fecha, el gobierno de la entidad tiene un adeudo aproximado de 400 millones de pesos, pero la deuda de la UNACH es de mil 500 millones de pesos.

El Dr. Carlos Eugenio es un buen hombre, pero no entiende el mundo académico. No tiene ninguna autoridad para conducir un proyecto universitario, por ello su designación fue uno de los errores más garrafales y significativo, pues puso en claro que la universidad no tiene ninguna importancia para el gobernante chiapaneco.

Lo extremo en la universidad es que el poder no está en las manos del rector sino en un personaje ajeno a la institución: Jesús Agustín Velasco Siles, tío del gobernador de Chiapas, quien tiene un nivel de influencia aún mayor con Rutilio Escandón que con su propio sobrino, situación que lo inmuniza en el manejo de los hilos sucesorios de la universidad.

El tío Jesús Agustín no quiere destetarse de la UNACH y juega la sucesión de la rectoría con varios candidatos internos y externos, quienes con gran cinismo y aprovechándose de la falta de memoria se prestan al manipuleo de la información. La importancia de la UNACH para Jesús Agustín Velasco no es la mejora académica sino mantener el control de la Fundación UNACH, lo que le permite obtener recursos a través de donaciones a nombre de la universidad, pero que no ingresan a la universidad, mismos que son  manejados por él sin tener la obligación de rendirle cuentas a la UNACH ni al Estado.  Los recursos y donaciones que recibe la Fundación UNACH son deducibles de impuesto, por lo que a los empresarios les da lo mismo hacer donaciones que pagar impuestos al SAT.

La verdadera y única mafia que hay en la UNACH es la que está conformada por los intereses de Jesús Agustín Velasco, en donde Carlos Eugenio Ruíz Hernández es solo un títere, que resultó un tonto útil para los aviesos fines del tío del gobernador.