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La rectoría en la UNACH

Editorial
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Hoy inicia una nueva gestión de Rector en la UNACH, los desafíos que enfrenta esta nueva administración no son un problema menor, pues la universidad arrastra una deuda histórica generada desde la administración de Jorge Mario Lescieur Talavera; deuda que se ha venido incrementando, aún y cuando esta institución participó en el Programa de Rescate Financiero de las Universidades Públicas Estatales creado por la SEP, que tuvo como fin el de reducir la deuda y equilibrar sus finanzas, pero en realidad no hubo un control de los recursos destinados al rescate y se carece de la información sobre el empleo que tuvieron esos recursos y hoy, varios años después de ese rescate, la UNACH tiene una deuda aproximada a los mil quinientos millones de pesos, que representa el monto total por año del presupuesto y que pone en riesgo la viabilidad del trabajo universitario.

 

El grueso de la deuda que tiene hoy día la UNACH es con el ISSSTE y con el SAT, en el que la universidad dejó de cubrir los pagos correspondientes al de las prestaciones sociales y al pago de los impuesto, a pesar de que esas aportaciones fueron retenidas vía nómina a todos los trabajadores de la institución.

Sin embargo los problemas de la universidad no sólo son financieros sino de rumbo académico; la institución carece de un proyecto académico que responda a las necesidades sociales de la entidad y que incida y mejore las políticas públicas del gobierno. Pero a la vez, no ha sabido diseñar políticas de mejora de los indicadores de calidad y productividad de la institución, en la que se cumpla de manera equilibrada todas las funciones sustantivas de la universidad. Junto a estas problemáticas la UNACH padece un daño mayor, que es la entrega que del manejo y administración de la contratación y la promoción del personal académico, que se le hizo al sindicato, decisión que convirtió a la vida académica en clientelismo político y que resulta violatoria a las disposiciones contenidas en el párrafo VII del artículo 3º de la constitución mexicana.

Esta situación no sólo fomenta las malas prácticas al interior de la universidad, sino también malas políticas universitarias, que están deteriorando la generación y transmisión de saberes responsables y la formación de profesionales ciudadanos igualmente responsables hacia el entorno social que los rodea.

Sobre la universidad, hay una cortina de humo que oculta la información de la situación financiera real que agobia a la institución. Los universitarios desconocen que el gobierno del Estado –desde la administración de Juan Sabines-, viene incumpliendo con la aportación de los recursos que le corresponde –donde el 70% lo aporta la federación y el 30% la entidad-, y de manera extraoficial se comenta que el adeudo del gobierno del Estado a la UNACH es superior a los 400 millones de pesos, situación que de ser cierta, la hacienda estatal debe reembolsar a la institución estos recursos públicos a la brevedad posible.

La universidad inicia hoy un nuevo rectorado, en donde por primera vez en la historia de la institución, asume este cargo un profesor investigador, que es miembro del Sistema Nacional de Investigadores del CONACYT, y quien tiene el enorme desafío social de construir un nuevo rumbo de la universidad.