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En Chiapas se confirma una educación de cuarta

Editorial
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La secretaría de educación y la secretaría de gobierno comparten inoperancia y falta de sensibilidad. No atienden a maestros interinos ni a estudiantes de las escuelas normales y lo que son en realidad, problemas menores, empieza a hacer crisis en un gobierno que no tomó las previsiones necesarias para actuar en los primeros 100 días de gestión.

La falta de pago a los maestros interinos se viene arrastrando por varios años. El problema se originó en el período en que fue secretario de educación Ricardo Aguilar y no lo pudieron resolver los secretarios posteriores que ocuparon el cargo: Sonia Rincón, Roberto Domínguez Castellanos y Eduardo Campos.

La falta de pago a los profesores interinos y  las desatenciones políticas con los estudiantes normalistas, vino ocasionando en los últimos días, una ola de protesta, que muestra con claridad que no hay ninguna diferencia entre este gobierno de la transformación con el que acaba de concluir.

Hoy se cumple el primer mes de gobierno, y su estructura funcional presenta escurrimientos en varias secretarías, situación que presagia cambios. Sobre todo, porque no hubo una decisión adecuada en la selección del gabinete, y peor aún, se desperdició un tiempo invaluable, entre el día de las elecciones y la toma de protesta, para conocer los principales problemas de la entidad, así como prever una serie de acciones que ayuden a mejorarla.

Es la falta de atención a las demandas lo que está originando reacciones de protesta que no agradan a amplios sectores de la sociedad. Pero estas protestas son necesarias pues se corre el riesgo de un avasallamiento del Estado, que actúa con impunidad y aplicando la ley selectivamente.

De igual manera, nunca se podrá justificar una agresión policíaca en contra de la población como la que se vivió el día de ayer en contra de los estudiantes normalistas. La violencia institucional representa siempre el fracaso de la política, del diálogo y del acuerdo.

Resulta claro que este gobierno no tiene ninguna idea de lo importante que puede ser una mejor educación para aspirar a la transformación ni tiene una política definida para el sector educativo. Razón por la cual no encuentra el camino por el que debe transitar y por eso deja avanzar la bola de nieve que se viene gestando con el malestar que hay entre los profesores interinos y en los estudiantes normalistas de Chiapas.

El hecho es que no hay interés por resolver los problemas de la entidad y se cometen errores garrafales por desconocimiento como el acuerdo que se tomó con los trabajadores rescindidos de la UNICH, quienes le hicieron un daño irreparable a la universidad en aras de mantener sus intereses personales. El sindicato de la UNICH y los trabajadores rescindidos durante meses se han proclamado como defensores de la educación pública y cínicamente se apropian de un trabajo académico que condujo en la UNICH a la acreditación de los programas académicos cuando en realidad ninguno de ellos participó en esa tarea y sí pusieron trabas para que se concluyera ese trabajo.

Desde el 2012 a la fecha el sindicato de la UNICH se hizo la idea de destruir a la universidad, para eso se aliaron primero con Javier Álvarez y luego con Ramón Guzmán Leyva y empezaron la tarea de no renovar las contrataciones de los docentes y trabajadores que decidieron no participar en ese sindicato. Así despidieron a casi un centenar de trabajadores. Y cuando la alianza con Guzmán Leyva se rompió  los despedidos fueron ellos.

El secretario de gobierno Ismael Brito Mazariegos hace circular el boletín donde presume de la conclusión del conflicto, cuando en realidad lo que hizo fue terminar de destruir un proyecto de educación superior que no conoce ni entiende. Situación que evidencia que en materia educativa el gobierno de Rutilio Escandón le apuesta a una transformación de cuarta.