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Síntomas del desencanto

Editorial
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Chiapas tiene fundamentalmente dos grandes problemas sociales: los bajos Índices de Desarrollo Humano y la falta de confianza y credibilidad en la impartición de justicia.

Estos dos problemas tienen relevancia en la forma de hacer “política” en la entidad. Por un lado, ha existido un abuso exacerbado en la utilización de los pobres en la promoción y las campañas políticas y, por el otro, se ha interiorizado la idea de impunidad en el imaginario de los funcionarios y políticos chiapanecos, lo que significa un deterioro en las formas de impartición de la justicia.

Esta situación resulta evidente en las condiciones políticas de las elecciones pasadas. La mayoría de los candidatos ganadores emplearon la práctica generalizada de la compra del voto, en donde se abusó de la miseria que prevalece en sectores amplios de la población y que hace vulnerable las prácticas democráticas. De igual modo, existe la percepción y en algunos casos la certeza, de que muchos funcionarios de la administración y de los cargos de elección se enriquecieron, y hasta este momento, ese ilícito está en la impunidad.

Los bajos Índices de Desarrollo Humano y la falta de justicia limitan y vulneran la implementación de un proyecto democrático, en virtud de que la pobreza y la falta de educación hacen imposible el establecimiento de la democracia. Pero, de igual modo, la ausencia de justicia hace inviable el proyecto democrático, porque eso significa que no existe una legalidad en la aplicación de la ley, situación que caracteriza a los gobiernos autoritarios y a la tiranía.

En este sentido, la crisis de la democracia en Chiapas, y muy seguramente en el país, estriba en los problemas de pobreza y en las deficiencias educativas, que se recrudece con la ausencia de una cultura de la legalidad, que sintomáticamente hace selectiva la impartición de justicia.

Revertir esta situación no es un asunto fácil, pues un aspecto se puede modificar con decisiones económicas acertadas, pero el otro aspecto es un problema cultural, que requiere de cambios de mentalidad en las personas. Y regularmente los cambios culturales suelen ser de mayor complejidad que los cambios económicos.

Paralelo a esta situación, entre los activistas políticos, que promueven las transformaciones sociales y que se involucraron para alcanzar el triunfo de MORENA para la presidencia de la república y para la gubernatura del Estado, están siendo contagiados por el fenómeno del desencanto político. Sobre todo, porque se considera que no se han profundizado en las transformaciones prometidas y muchos impresentables de gobiernos anteriores se incorporaron como funcionarios, pero también porque los cambios son lentos y a veces imperceptibles, que pareciera que todo esfuerzo para lograr el cambio es inútil.