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La otra realidad

Editorial
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Por diversas razones, pero fundamentalmente por la falta de oficio político, Chiapas ha venido arrastrando de años atrás, problemas de gobernabilidad, sin embargo, pese a las complicaciones sociales, la gobernabilidad se mantenía en niveles controlables, situación que cambia con el nuevo gobierno, debido a que  los problemas de inseguridad se incrementan.

Al inicio del nuevo gobierno la inseguridad empezó a crecer y ahora se habla de secuestros, asesinatos, feminicidios, ejecuciones de activistas, asaltos bancarios, asaltos a restaurantes e intento de asesinato a defensores de indígenas desplazados. La gravedad de la inseguridad que se vive en gran parte de la entidad se incrementa por la simulación política y a las acciones mediáticas promovidas desde las oficinas de gobierno, que buscan ocultar e incluso negar la situación que se vive en las calles y en el patrimonio de las familias.

La administración de Rutilio se enfrenta ahora a cinco problemas: el estancamiento de la economía local, que se agudiza con la pobrísima inversión pública; los problemas de gobernabilidad que están latentes en la mayoría de los municipios y que se manifiesta en reclamos a los presidentes municipales, pero de igual manera están los movimientos populares como el magisterio y las organizaciones indígenas y campesinas, quienes están construyendo acuerdos para iniciar en los próximos días la movilización política; los problemas de inseguridad en todo el territorio, que se pretenden minimizar con las reuniones matutinas de seguridad pública, que resultan funcional solo en el discurso del gobernador; los problemas de migración que incrementa el enojo de la población, sobre todo de los municipios fronterizos, que están sufriendo la invasión de los  migrantes sin tener las condiciones de ayuda humanitaria para hacer frente a esta problemática internacional; y los problemas de violación a derechos humanos que se van a presentar con los operativos de la Guardia Nacional, que sobre la base de los hechos construirá un muro imaginario de contención de migrantes.

Bajo estas circunstancias, se percibe cada vez con mayor fuerza, que la administración de Rutilio Escandón no se encuentra al nivel de las circunstancias que Chiapas requiere ni tiene idea de la necesidad de plantear a la presidencia de la república un nuevo federalismo, que permita construir nuevos pactos fiscales y otro tipo de acuerdos políticos que mejoren las condiciones sociales de la entidad.

De continuar con esta situación, las actividades económicas van a sufrir una parálisis mayor y seguramente se va a presentar una delicada regresión económica, que incremente la pobreza y la marginación social.

Por eso Chiapas requiere urgentemente de oxigeno y una cirugía mayor que impacte en la definición de un nuevo rumbo para la entidad. Pero desafortunadamente el gobernador Rutilio Escandón tiene otra mirada y está situado en otro punto de la realidad chiapaneca, en el que está convencido que viene realizando un buen gobierno y que sus funcionarios son honestos y eficientes. Esta visión ajena a lo que está pasando en Chiapas complica considerablemente las posibilidades de cumplir con las expectativas que la gente se hizo con el cambio de gobierno. Y lamentablemente se tiene un gobernador que vive en una dimensión imaginaria que simplemente se sustrajo a la responsabilidad de gobernar.