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La ineficacia del campo en Chiapas

Editorial
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El presidente de la república anunció que en Chiapas se están sembrando 200 mil hectáreas dentro del programa sembrando vida y para ello se destinaron apoyos para contratar a 80 mil trabajadores. De ser cierta esta información, ello significa que se viene empleando un trabajador por cada dos hectáreas y media, lo que podría señalarse como poca optimización de los recursos en los programas del presidente.

El campo chiapaneco tiene un abandono peligroso que pone en riesgo la soberanía alimentaria, en el que no se produce el total de los alimentos que se necesitan para el consumo de la población y aún así el programa sembrando vida se está destinando para producir alimentos de exportación y no para el consumo popular.

Junto a esta situación, el Programa Producción para el Bienestar, diseñado para el cumplimiento de dos propósitos: incrementar la producción nacional de granos y fortalecer la autosuficiencia alimentaria, no viene funcionando en Chiapas con la eficacia que se requiere y es muy cuestionable la forma como se integró el censo del padrón de beneficiarios que elaboraron los servidores de la nación, con un sesgo político partidario.

Se comenta que los apoyos del Programa Producción para el Bienestar, que el gobierno federal tenía planeado distribuir después del mes de febrero y antes del inicio de la temporada de lluvia, ya se entregaron a los miles de productores del campo chiapaneco, sin que esto se refleje que los predios estén sembrados y lsitos para la cosecha. Y se sospecha de la falta de cumplimiento en las entregas de los recursos, en el que se combina la ineficiencia, la irresponsabilidad y la falta de mecanismos de control tanto en la secretaría del campo en Chiapas como en la oficina del superdelegado, que representa al gobierno federal en Chiapas.

La ausencia de apoyos afecta directamente a la producción de maíz, pues de una producción aproximada de un poco más de un millón de toneladas de maíz  que se cosechaban a inicio del año 2000, se calcula que en este período no se llegará a más de 300 mil toneladas, lo que contraviene los dos propósitos del programa en Chiapas, que sufrirá un decremento drástico de la producción de maíz y no se estará en condiciones de atender la demanda alimentaria de este grano, lo que se puede desde ahora prever, una futura  crisis alimentaria en la región, sobre todo de los miles de productores de autoconsumo en la región indígena de los Altos y en la Región de la Sierra.

El gobernador del Estado no ha dimensionado la falta de coordinación de la secretaría del campo con la oficina del superdelegado, porque simplemente no se está realizando giras de trabajo en el campo chiapaneco en el que se puede observar que están sembradas menos del 50% del total de las tierras destinadas para el cultivo de maíz.

Sobre los planteamientos alimentarios hay dos concepciones antagónicas. Una, la de la seguridad alimentaria, que hace énfasis en el acceso al consumo de alimentos nutritivos, el objetivo es asegurar una cierta cantidad de alimentos, sin importar su origen, por ejemplo si viene de una donación, o si es comprado por el Estado a una empresa transnacional, esta visión es la que está incorporada en el discurso oficial. La otra, la de la soberanía alimentaria, pone su preocupación en la autosuficiencia productiva, esto significa que no solo se debe asegurar el acceso a los alimentos sino garantizar que estos alimentos sean producidos localmente.

El concepto de soberanía alimentaria demanda a los distintos estados nacionales, a definir políticas que defiendan la producción nacional, especialmente a la pequeña y mediana agricultura, porque es la que provee de alimentos a la población, genera empleo rural y garantiza un manejo sustentable de los recursos naturales.

Sin embargo, la situación actual del campo chiapaneco muestra pocas posibilidades de alcanzar la seguridad alimentaria de la población y no existen políticas ni acciones para reactivar la producción del campo, lo que significa una pérdida de la soberanía alimentaria.