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Las muchas realidades de Chiapas

Editorial
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En los dos últimos sexenios en Chiapas se vino deteriorando la gobernabilidad pero mantenía en niveles controlables los problemas de inseguridad. Al inicio del nuevo gobierno la inseguridad empezó a crecer y ahora se habla de secuestros, asesinatos, ejecuciones de activistas, feminicidios, asaltos bancarios y fabricación de pruebas por parte de la fiscalía para inculpar a inocentes. En la mayoría de los municipios indígenas hay tensiones sociales que no están siendo atendidas, lo que puede ocasionar un estallido en cadena en los municipios de Ixtapa, Bochil, El Bosque, Pueblo Nuevo, San Juan Chamula, Chenalhó, Aldama, San Andrés Larráinzar, Chilón, y Tila.

¿Cómo hacer frente a esta difícil situación? Uno, a través de un manejo diferente de la política en el que se privilegie la eficacia; dos, con la aplicación irrestricta de la ley, lo que permitiría construir nuevos acuerdos políticos y sancionar conductas y delitos, que hoy, por los niveles de impunidad están siendo permitidas; tres, eliminando las prácticas violatorias de la ley en el accionar de la fiscalía, que produce impotencia y resentimiento en los afectados y sus familiares y que genera un distanciamiento entre el gobierno y la ciudadanía.

Los problemas de violencia y de inseguridad van a ir a la alza debido al alto índice de impunidad que hay en Chiapas, que es el más alto del país, del 99%. Eso significa que de 100 delitos  que se cometen en Chiapas sólo uno se sanciona. Condición que evidencia los niveles de complicidad que hay entre los cuerpos policiales, ministerios públicos, jueces y delincuencia, en el que la sociedad chiapaneca es la afectada.

De no tomar medidas adecuadas a esta dinámica de problemas de gobernabilidad con inseguridad, todo estará perdido para Chiapas, pues las actividades económicas sufrirán una terrible parálisis, mayor a la que existe y el campo se quedará sin condiciones posibles para su reactivación. Por eso Chiapas requiere urgentemente de oxigeno y una cirugía mayor. Frente a esta situación, el gobernador Rutilio Escandón, al publicitar los supuestos logros de su administración, demuestra que tiene otra mirada sobre la realidad en Chiapas, en el que todo está muy bien y que se están sentando las bases para la transformación de la entidad. Sin que a ciencia cierta nadie sepa qué en concreto es lo que se quiere transformar de Chiapas y menos se sabe cómo se va a desarrollar esa transformación.

La violencia, pobreza, inseguridad, desempleo, deficiencia institucional y delincuencia organizada,  son una combinación fatal, que está presente en Chiapas y  que no tiene buenos augurios. Todo esto se convierte en un estallido social con la ausencia de gabinete y de plan de gobierno que persiste en la entidad, lo que hace prácticamente imposible que el gobernador pueda tener márgenes de maniobra.

Resulta claro que los males de la entidad no se van a resolver en seis años. Pero es urgente que se sienten las bases para un proyecto de desarrollo, en el que puedan incorporarse todas las voces en la entidad.