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Chiapas sin gobierno

Editorial
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La administración de Rutilio Escandón presenta dos problemas que se deben resolver en el corto plazo. El primero, que dos funcionarios tienen un proceso de concentración de poder, Ismael Brito Mazariegos, secretario de gobierno y Jorge Luis Llaven Abarca, fiscal general, y no le rinden cuenta a nadie; el segundo, es la ausencia de proyectos de gobierno, en el que no fluye la inversión y las obras que se están licitando las ganan empresas ligadas a Jorge Betancourt, tal y como sucede en el aeropuerto, lo que significa la continuidad de la corrupción.

El dilema que tiene el gobernador no es un asunto fácil, pues su administración se encuentra  en crisis y no estaba preparado para enfrentar una contingencia política como la que se vive en gran parte del territorio, pero que se agudiza cada vez más en los municipios indígenas, en donde hay una desatención y compromisos incumplidos y donde el surgimiento de la violencia es la muestra de la ausencia de gobierno.

Es un error de esta administración mostrar indiferencia e ignorar la protesta social que se viene gestando. El fallecimiento del elemento de la Guardia Nacional es noticia en todo el país, que sitúa a Chiapas en una entidad violenta y no por los enfrentamiento y la lucha del control del mercado por la delincuencia organizada sino por los problemas de gobernabilidad democrática, ocasionado en mucho a la inacción política, en donde ninguna oficina interviene en la solución de las demandas y los problemas de la población.

Rutilio Escandón se ha desentendido de gobernar Chiapas: puso en manos de Ismael Brito el gobierno y éste se dedicó a crear su proyecto personal de sucesión al gobernador, luego buscó gobernar de la mano de la fiscalía y provocó una ola de violaciones de derechos humanos y de violencia delincuencial, emanada desde el interior de la  propia fiscalía, en donde elementos de la fiscalía han sido señalados como responsables de asaltos millonarios en la entidad y en donde el propio Llaven Abarca empezó a organizar actos anticipados de campaña, porque en su imaginación considera que él puede ser el sucesos del gobernador, y para ello se inventó la gira por la entidad de las ferias de seguridad y justicia.

La situación de Rutilio Escandón no es sencilla en virtud de que tiene que prescindir de los dos funcionarios de su confianza, pero que le están fallando para gobernar: Brito Mazariegos ha sido su colaborador desde el Tribunal de Justicia y Llaven Abarca se presenta como el funcionario de mano dura, que ha recuperado seis mil hectáreas que se encontraban invadidas y con eso la administración de Escandón Cadenas ganó legitimidad. Sin embargo ambos funcionarios han venido actuando al margen de la ley, que en un gobierno de verdad democrático estarían destituidos y sometido a juicio político.

El escenario de violencia que se vive en Chiapas no se va a resolver con la intervención de los cuerpos policíacos, que seguramente solo va a incrementar la violencia como sucedió con anterioridad en gobiernos, que hicieron de la represión el estilo de gobierno. Sólo basta recordar que en el gobierno de Patrocinio González, se hablaba del imperio de la ley, y cientos de activistas y luchadores estaban en las cárceles y miles huyendo con órdenes de aprehensión, y durante ese gobierno se gestó la rebelión zapatista.

La violencia en Chiapas va a disminuir en el momento en que exista un gobierno que atienda y resuelva las demandas sociales, que escuche a la población y que desarrolle un conjunto de proyectos con el propósito de mejorar los indicadores de bienestar. Algo que en esta administración no se percibe que se quiera implementar.