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Thu, Oct
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Otro año de inacción política

Editorial
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Chiapas arrastraba 12 años de gobierno de desaciertos e inacción política. En ese sentido era previsible que los conflictos y la violencia se iban a agudizar y así se señaló en reiteradas ocasiones. Los hechos de violencia  que se presentaron el pasado fin de semana, en Bochil y Chamula, es sólo un anuncio de lo que se puede vivir en  los siguientes años, sobre todo porque las cosas no van a cambiar de un día para otro y menos si no se toman medidas preventivas de atención a la inseguridad y a la solución de los conflictos.

El enfrentamiento armado en Bochil, con la pérdida de vida de un policía de la Guardia Nacional, no es un asunto menor, ya que la intervención policíaca en Chiapas pone en riesgo a la seguridad nacional. Frente a este suceso y otros conflictos presentes,  el comportamiento de la autoridad de Chiapas ha sido permisible en grado extremo, en donde los grupos paramilitares y de la delincuencia organizada actúan con la total aquiescencia del gobierno, y donde acciones promovidas como el programa de canje de armas resulta ridículas, ante el tráfico de armas que existe en la entidad, aún y con los retenes policíacos en varios puntos del territorio. Lo sorprendente de esta violencia, es que son los municipios de mayor pobreza en el que la población y sobre todo los jóvenes, andan fuertemente armados.

Los problemas que enfrenta la administración de Rutilio Escandón son considerables, pero no se vienen tomando decisiones adecuadas, porque la secretaría de gobierno en lugar definir propósitos que permitan la construcción de gobernabilidad democrática, está más entretenido en alianzas con grupos para promover su candidatura como gobernador. Lo preocupante por las dimensiones del problema que representa Chiapas para el país, es que la luna de miel de un importante sector de la población chiapaneca con el gobernador ya concluyó, y aún no se cumple el primer año de esta administración.

En Chiapas ha habido un relajamiento de la autoridad, en el que parece que el Estado no existe y ese es el mismo escenario de la gestión de Rutilio Escandón, en el que se han dado enfrentamientos armados en Aldama, Chenalhó, Yajalón, Amatán, Coita y Venustiano Carranza, Bochil y Chamula.

Todos estos problemas eran claramente previsibles y Rutilio Escandón estaba obligado a tomar las medidas adecuadas para evitar el desbordamiento de estos conflictos. Sobre todo porque él formó parte del anterior gobierno y debió tener conocimiento de las cosas que se dejaron de hacer, sin embargo los hechos dan evidencia que el gobernador desconocía la magnitud de los problemas de la entidad, por eso no ha podido definir estrategias de intervención y solución de los mismos, a punto tal que se pretende gobernar con boletines mal hechos y con acciones de ficción como la mesa de seguridad y sin una agenda política que permita medir los indicadores de resultados. De igual manera se presume la recuperación de siete mil hectáreas, pero no se menciona que la mayoría de estos operativos policíacos se hicieron en la legalidad, sin una orden del juez, en la que muchas de las detenciones realizadas son ilegales y violatorias a derechos humanos. Por ello el énfasis de la importancia de construir gobernabilidad democrática, por las tentaciones autoritarias del gobernante y sus colaboradores.

En estos diez meses de la administración de Rutilio Escandón ha quedado claro una cosa:  el gobernador no conocía la magnitud de los problemas del Estado ni tiene identificados los puntos de conflicto que hay en la entidad, que son más de 600, cada uno de ellos con distintas causas y niveles de conflictividad.