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Sin representación política

Editorial
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La sociedad en Chiapas se encuentra muy dividida, pero además existe una actitud de indiferencia para la búsqueda en la construcción de acuerdos, lo que hace difícil gobernar la entidad. Sabiamente Jan de Vos escribió que Chiapas se escribe en plural, en virtud de que son muchos y diferentes Chiapas. Las condiciones sociales y los procesos históricos  no son los mismos en los Altos que en la Sierra, o en el Soconusco que en la Frailesca, o en la Selva que en el Centro.

Esta heterogeneidad, contiene varios significados políticos, que resulta conveniente intentar esclarecer, con el fin de generar diferentes interpretaciones que nos ayude a entender la cultura y los comportamientos de la población en relación a la política.

La Región de los Altos siempre ha sido un territorio pobre, en donde las características geográficas de su suelo no lo hacen apto para la agricultura; situación que se agudiza porque históricamente ha sido un espacio con una alta tasa de población indígena. La sociedad de los Altos ha sido desde su creación profundamente excluyente y la principal fuente de la riqueza se extrajo de  la explotación de la mano de obra indígena y esta característica permaneció durante siglos, lo que constituyó fuertes sentimientos de polarización. No por algo esa región ha sido testigo de diferentes levantamientos armados y conflictos indígenas.

Erróneamente se ha creado un discurso fantasioso de sumisión de los indios, a pesar de que la historia refleja varios movimientos de indios insumisos: el levantamiento tseltal de 1712; el movimiento tsotsil de 1868-1869; la participación decidida de Jacinto Pérez Chixtot “Pajarito”, en el conflicto por la disputa de la ciudad capital entre Tuxtla y San Cristóbal en 1911; y el más reciente, el levantamiento armado de 1994, que modificó las condiciones políticas nacionales, al producir una reforma electoral que le quitó al estado la organización y calificación de los procesos electorales, lo que posibilitó el gobierno de la alternancia en el año 2000. Esta polarización mantiene una vigencia plena, en virtud de que no se han resuelto un conjunto carencias estructurales, lo que genera una repetición de conflictos en la región.

La frailesca fue una sociedad emergente en donde sus principales poblados se crearon en 1873 y  20 años después, durante el gobierno de Emilio Rabasa, adquirieron los nombres actuales de Villa Corzo y Villa Flores. En la frailesca se mantiene una tradición histórica de cacicazgos políticos: así fue con Ángel Albino Corzo y continuó con Julián Grajales, posteriormente se consolida la dominación de Tiburcio Fernández Ruíz y la “Ruizada” y hacia los años 80 surge el liderazgo del profesor Germán Jiménez, con el movimiento de los maizeros.  Hoy día existe en la región una disputa por la construcción de nuevos liderazgos, ligado a los cargos de elección popular, en la que existe la intención de crear entre los grupos nuevos cacicazgos.

En el Soconusco, Tapachula es marcada por la huella de la inmigración de alemanes, ingleses, chinos y japoneses, quienes poseían una mentalidad de origen de países imperiales, en donde se encerraron en su círculo de connacionales, constituyendo élites económicas pero no políticas. Tapachula es una sociedad excluyente y elitista, que nunca pudo conformar una clase política. De allí una razón importante, sobre por qué no ha podido impulsar de manera exitosa a un tapachulteco a la gubernatura del Estado.

La clase política tuxtleca se formó desde el poder, durante los 20 años de gobierno rabasista en Chiapas. En ese período Tuxtla se convirtió no sólo en la capital política de Chiapas, sino también en el centro de los negocios y del comercio, que la convirtió en el nuevo centro del poder hegemónico en la entidad. En los primeros años, Rabasa gobernó con oaxaqueños, pero al final del período los cargos públicos fueron desempeñados principalmente por tuxtlecos, que constituidos en clase política, se enfrentaron en contra de San Cristóbal para impedir el retorno de la capital del Estado a esa ciudad, esto le permitió a personas de este grupo continuar en el poder a pesar de los cambios políticos.

Hoy día Chiapas se encuentra dividida y en algunas partes del territorio esta polarización produce problemas de gobernabilidad. El gobierno actual, que ignora las características regionales, practica una política de exclusión y de ausencia de representación política. Partió, de una premisa equivocada al considerar que los acuerdos unánimes muestran la fortaleza del gobernante, cuando en realidad la unanimidad significa la falta de representación y el autoritarismo. Con ello se cierran los espacios para que otras voces se manifiesten y se limitan las posibilidades de prácticas democráticas. De allí se puede explicar gran parte de la crisis actual de Chiapas, en la que prevalece una ausencia real de representación política, en donde el Congreso del Estado, no representa a nadie.