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Tue, Jan
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El primer informe

Editorial
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El gobernador del Estado desaprovechó la ocasión de realizar una autocrítica a los resultados alcanzados en el primer año de gobierno. Pero también desaprovechó el momento para convocar a una gran alianza para iniciar la construcción de un nuevo Chiapas. En contrasentido vimos a un gobernador camorrista. A un gobernador que insistió en desacreditar al anterior gobierno sin que haya mostrado el mínimo gesto de aplicar la ley en contra de los excesos, el despilfarro y los abusos del poder de los funcionarios del anterior gobierno.

Rutilio Escandón tuvo la oportunidad de señalar que en Chiapas hay todo por hacer y que en la tarea de construir el Chiapas que todos anhelamos ya no se puede desperdiciar ni un solo día en el gobierno y mucho menos perder el tiempo en pleitos estériles y en ajustes de cuenta, en donde finalmente se promueve la división entre los chiapanecos.

Sobre todo, porque el gobierno de Rutilio Escandón no tiene oposición y la única barrera que tiene es el de la imaginación para gobernar Chiapas en el que lamentablemente no lo ha venido haciendo. En Chiapas no hay gobierno simple y sencillamente porque el gobernador no lo ha sabido construir, aún y cuando  no tiene a nadie enfrente que se lo impida.

En Chiapas las cosas no caminan bien y el gobierno no presenta alternativas ni políticas ni económicas. Nos hablan de una Cuarta transformación pero nadie sabe qué se va a transformar ni cómo se va a dar esa transformación. En cambio, el gobernante continúa diciendo mentiras; habla de 32 mil nectáreas invadidas recuperadas y peor aún señala a cinco millones de personas que ingresan por la vía aérea a la entidad. Esos datos no son ciertos, pues eso significaría que se están recuperando predios invadidos a raíz del movimiento indígena zapatista de 1994, situación que resulta imposible o más fantasioso todavía, que en Chiapas ingresan 68 vuelos diarios con 200 pasajeros.

Estas mentiras ponen en entredicho posibles verdades que pudieron decirse en el primer informe de gobierno, en el que a pesar de que no hay resultados, el gobernador se mostró de que hay logros que presumir.

El informe retrocedió a Chiapas a los años 20 del siglo pasado, al único gobierno “Mapache” que hubo en Chiapas, pero que introdujo la importancia de la defensa de la propiedad privada, frente a los embates agraristas de las ligas de las comunidades agrarias que planteaban el reparto de la tierra. Presumir los desalojos, aún y cuando eso le proporciona al gobierno legitimidad, en una sociedad que reproduce el discurso terrateniente “Mapache”, resulta paradójico en un gobierno que se dice de izquierda.

En Chiapas el principal derecho no es el de la propiedad privada. Los derechos fundamentales en la entidad son los derechos humanos, en el que se encuentra el derecho al trabajo y el derecho a la vivienda, ambos derechos violados por la política de desalojos y de recuperación de tierras. Un gobierno de izquierda o preocupado por la convivencia democrática, debió de prever la dotación de terrenos a las personas que ocupaban suelos agrícolas y debió de prever la construcción de vivienda en los desalojos de predios urbanos o semiurbanos, pero no hubo ni lo uno ni lo otro porque el gobierno que hay en Chiapas está desnaturalizado, no tiene programas de gobierno y utiliza la ideología de izquierda para ocultar la ausencia de compromiso social.