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Asuntos pendientes

Editorial
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Es obvio que el deseo generalizado es que los conflictos que se viven en Chiapas se resolvieran en lugar de agudizarse.  Pero para ello se requiere fundamentalmente de oficio político, de conocimiento de las situaciones y de un trabajo diario de 24 horas de atención real de los problemas y no de simulaciones por parte de los funcionarios, que desafortunadamente eso es lo que vienen haciendo.

Es cierto en que hay demandas de los grupos que no fueron atendidas por el anterior gobierno y resulta  inconcebible que no se atiendan ni resuelvan por el actual gobierno; como es el caso de la falta de soluciones a la población de desplazados que se han visto obligados a movilizarse en Tuxtla Gutiérrez y en la Ciudad de México y realizar  plantones en ambas ciudades .

Hay problemas como el de la presencia de grupos paramilitares donde el Estado ha sido permisible en grado extremo, y estos grupos paramilitares actúan con la total aquiescencia del gobierno. Fue el Estado quien conformó los grupos paramilitares, como parte de una estrategia política de ocultar las maniobras militares y presentar los conflictos en las comunidades indígenas como enfrentamientos intercomunitarios.  Pero la administración de Rutilio Escandón carga con la presión de dos medidas cautelares emitidas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por los desplazados de Chenalhó y de los desplazados de Chalchihuitán y dos recomendaciones de la CNDH, en donde le concedieron en febrero del 2019, seis meses para que se desarmaran los grupos paramilitares y se elabore un programa de pacificación en Chenalhó, Aldama y Chalchihuitán. Tiempo que ya concluyó, sin que se haya realizado esfuerzo alguno con el compromiso de la verdad, justicia y reparación a los agravios reiterados, de desplazamientos, desapariciones, asesinatos, persecuciones y encarcelamientos que por décadas se han vivido en las comunidades indígenas de estos municipios.  

La mayor dificultad del pasado que la administración de Rutilio Escandón no logra superar, es el relajamiento de la autoridad que se institucionalizó en los anteriores gobiernos, en el que se resquebrajó el orden y se debilitó la presencia del Estado.

Este escenario de debilidad de las instituciones es el que debió de desaparecer al inicio del gobierno, pero no se hizo, y desafortunadamente permanece en la gestión de Rutilio Escandón, que en los 14 meses que lleva la administración, continúan sin atenderse los problemas y la inseguridad se disparó a niveles peligrosos.

De manera oficiosa se reproduce el discurso de la confabulación, en el que se afirma que hay una intención por desestabilizar el gobierno de Rutilio Escandón. Este señalamiento es falso, pues no existe tal confabulación.  Ese discurso es una distracción creada por los propios funcionarios del gabinete, con el fin de ocultar la ineficacia e inventar enemigos para así justificar los ataques mediáticos hacia otros actores de la entidad con la colaboración de una prensa que desde siempre actúa contra sí misma.