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En Chiapas todo sigue igual

Editorial
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La crisis sanitaria puso en evidencia a los gobiernos por la dificultad en la toma de decisiones. Y lo que inició en una crisis de salud se trasladó a una crisis económica y ahora se prefigura una crisis política, en la que se desconoce la magnitud, pero en el que se perciben posibles cambios en el ejercicio del poder, renuncia de funcionarios, cambios en la composición de las cámaras cuando se presenten elecciones, una profundización en los mecanismos de transparencia y rendición de cuenta, sanciones a funcionarios que desatendieron las obligaciones del Estado de prevenir, proteger, promover y garantizar los derechos humanos, y escenarios políticos desconocidos porque después de la pandemia las cosas ya no podrán seguir siendo igual.

En Chiapas se observa a un gobernante cauto, que prefiere no tomar decisiones ni asumir compromisos; con ello prácticamente abandonó las responsabilidades que implican gobernar. Lo preocupante es que existe información estadística y estudios de sondeos de opinión que muestran que el gobierno de Rutilio Escandón no está funcionando y no se ven visos que esta situación cambie. En un breve recuento se puede observar que las actividades económicas están paralizadas; el PIB presenta cuatro trimestres de decrecimiento; no solo no hay crecimiento en el empleo sino que éste decreció; la inversión pública está estancada; el nivel de aprobación del gobernante aparece siempre reprobado; los problemas de gobernabilidad son permanentes y son muchos municipios en donde han existido situaciones de violencia; la inseguridad se apoderó de las calles; la ausencia de políticas para el campo hacen prever una crisis en la producción de maíz y una crisis en la soberanía alimentaria en la entidad.

El diagnóstico de Chiapas no resulta nada halagüeño, debido a que todo indica que vendrá lo peor cuando finalice la pandemia; sobre todo porque se prevé en la entidad una caída superior del 12 % del producto interno bruto y ante ello en la administración existe una postura política de austeridad y de nulos apoyos para el crecimiento y la recuperación económica. Esto significa que pueden llegar a presentarse severos problemas de gobernabilidad y de conflictos, como se vienen viviendo en varios municipios del Estado.

En este sentido al gobernador no le ha caído el veinte que la principal función que tiene es la de gobernar y, de acuerdo con los resultados, no lo está haciendo. Él, por el papel histórico que le tocó desempeñar, que es el de la transformación de Chiapas, no tenía derecho a equivocarse, pues es mucho lo que está en juego en este gobierno y sin embargo, después de transcurridos 18 meses de gestión, todo sigue igual, pues continúan las mismas prácticas de indiferencia, corrupción, falta de oficio, ilegalidad, frivolidad, ineficacia y cinismo  que caracterizó a los gobiernos anteriores.