Chiapas requiere un gobernador de tiempo completo

Editorial
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En los veinte meses que lleva la actual administración, el gobernador Rutilio Escandón le ha quedado a deber a Chiapas y cada vez resulta más evidente que no conoce las problemáticas del Estado y no tiene identificados los principales puntos de conflicto que hay en la entidad, en el que existen más de 500 focos de tensión, con distintos niveles de conflictividad, que no solo ponen en riesgo la gobernabilidad del Estado sino la seguridad nacional del país y donde muchos de estos conflictos pueden representar una violencia mayor a los sucesos de Acteal, que condujo a la renuncia del gobernador del Estado y la renuncia del responsable de la secretaría de gobernación.

De igual manera el gobernador Rutilio Escandón se está equivocando al no impulsar programas que respondan a la atención de los problemas de Chiapas y colgarse de los proyectos de la presidencia de la república que se aplican en la entidad, debido a que Chiapas requiere de un gobierno propio y de acciones concretas que resuelvan problemas del pasado y que al mismo tiempo permitan definir nuevos sentido hacia el futuro, pero sobre todo porque los proyectos del presidente no son la panacea de los problemas de la entidad y difícilmente van a resolver los problemas estructurales de la entidad como son la pobreza, la ausencia de justicia, la mala calidad educativa, la falta de empleo, los problemas ambientales, etc..

Sin duda, las buenas relaciones del gobernador con el presidente son importantes  pero no son suficientes, como ya se vivió en los gobiernos de Pablo Salazar, de Juan Sabines y Manuel Velasco, quienes mantuvieron muy buenas relaciones con el presidente en turno, en donde inclusive lograron importantes incrementos del presupuesto y la realización de obras federales, pero en el que no se construyeron las bases para un nuevo Chiapas ni se atendieron los problemas sociales de la entidad.

Bajo esas circunstancias qué debe hacer Rutilio Escandón para cumplir satisfactoriamente con el papel histórico que le toca desempeñar, como el promotor de la transformación de Chiapas,  si no quiere terminar con el desprestigio y el rechazo social de sus antecesores: primero, cuidar su discurso que no convence ni tiene contenido; segundo, nombrar un gabinete que vaya acorde a la gran responsabilidad social que está en juego en la entidad; tercero, tener un plan de gobierno que siente las nuevas bases para el bienestar de la población y que se respete la legalidad y los derechos humanos; cuarto, impulsar un proyecto de justicia transicional en las comunidades indígenas para garantizar justicia y verdad en los agravios sufridos por décadas; quinto, atender con la seriedad que se requiere la crisis sanitaria, en donde prevalece la mentira, la simulación, la irresponsabilidad, la corrupción y reportes de contagios y fallecimientos muy por debajo de la realidad; y, sexto, que se ponga a gobernar a la voz de ya, que recorra la entidad para que conozca los problemas y perciba personalmente las fallas de su gabinete, en virtud de que Chiapas necesita un gobernador de tiempo completo.