A 21 meses de la administración de Rutilio Escandón

Editorial
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La administración de Rutilio Escandón presenta dos problemas que se deben resolver en el corto plazo. El primero, que dos funcionarios mantienen un proceso de concentración de poder y de disputas entre sí: Ismael Brito Mazariegos, secretario de gobierno y Jorge Luis Llaven Abarca, fiscal general, que tienen ambiciones e iniciativas propias y no le rinden cuenta a nadie; el segundo problema es la ausencia de proyectos de gobierno, en el que no fluye la inversión pública, bien a bien se desconoce en qué se invirtieron ya 150 mil mi-llones de pesos en estos 21 meses de administración y lo peor, que las obras no se están licitando y las asignan directamente a las empresas asociadas con Jorge Betancourt, tal y como sucede en el aeropuerto, lo que significa no solo la continuidad de la corrupción sino la complicidad con un grupo de empresas que cometieron varios defraudes en las obras que realizaron, un ejemplo de ello es la ampliación del Libramiento Sur, construido con mala calidad.

El dilema que tiene el gobernador no es un asunto fácil, pues su administración se en-cuentra  en crisis sanitaria, económica, de credibilidad y de eficacia,  y Rutilio Escandón no estaba preparado para enfrentar una contingencia política como la que se vive en el país, pero que se agudiza cada vez más en Chiapas, especialmente en los municipios indí-genas, en donde hay una desatención gubernamental, compromisos incumplidos y en donde el surgimiento de la violencia es la muestra evidente de la ausencia de gobierno.

Rutilio Escandón se ha desentendido de gobernar Chiapas: puso en manos de Ismael Brito el gobierno y éste se dedicó a construir su proyecto personal de sucesión, después el gobernador decidió gobernar de la mano de la fiscalía y con ello provocó una ola de viola-ciones de derechos humanos y de violencia delincuencial, emanada desde el interior de la  propia fiscalía, en donde elementos de la fiscalía han sido señalados como responsables de asaltos, secuestros y traslado de drogas en la entidad, y en donde el propio Llaven Abarca empezó a organizar actos anticipados de campaña, porque en su imaginación considera que él puede ser el sucesor y no pierde la oportunidad de realizar giras y reuniones en los municipios y con el sector empresarial.

La situación de Rutilio Escandón no es sencilla en virtud de que tiene que prescindir en las próximas semanas a los dos funcionarios de su confianza y complicidad, pero que le están fallando para gobernar: Brito Mazariegos ha sido su colaborador desde el Tribunal de Justicia y Llaven Abarca se presenta como el funcionario de mano dura, que presume la recuperación de miles de hectáreas que se encontraban invadidas y con eso la adminis-tración de Escandón Cadenas ganó legitimidad. Sin embargo ambos funcionarios han ve-nido actuando al margen de la ley, que en un gobierno de verdad democrático estarían destituidos y sometido a juicio político.

El escenario de violencia que se vive en Chiapas no se va a resolver con la intervención de los cuerpos policíacos, que seguramente solo va a incrementar la violencia como suce-dió con anterioridad en gobiernos, que hicieron de la represión el estilo de gobierno. Sólo basta recordar que en el gobierno de Patrocinio González, se hablaba del imperio de la ley, y cientos de activistas y luchadores estaban en las cárceles y miles huyendo con órdenes de aprehensión, y durante ese gobierno se gestó la rebelión zapatista.

La violencia en Chiapas va a disminuir en el momento en que exista un gobierno que atienda y resuelva las demandas sociales, que escuche a la población y que desarrolle un conjunto de pro-yectos con el propósito de mejorar los indicadores de bienestar. Algo que en esta administración no se percibe que quiera implementar o más bien no le interesa gobernar.