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Tue, Jan
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¿Qué hace el gobernador?

Editorial
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El mayor error del gobierno en Chiapas ha sido el de mantener el discurso de la austeridad, pues con ello solo ocasionó justificar la ausencia de inversión pública, aún y cuando el gasto del ejercicio presupuestal del año 2019 fue superior a los 91 mil millones de pesos y en este año se reporta un ejercicio mayor a los 60 mil millones de pesos, sin que haya una obra de infraestructura relevante que justifique el exagerado gasto reportado en la entidad.

El dinero no se nota en la administración de Rutilio Escandón y tampoco se atienden los graves y profundos problemas estructurales que tiene Chiapas. Paradójicamente es la entidad con menos crecimiento económico en el país; por décadas ha venido padeciendo problemas de gobernabilidad; tiene una alta deuda pública; hay una crisis por la inseguridad; padece un ineficaz ejercicio de gasto público; existen graves deficiencias en la impartición de justicia, se tienen los índices de pobreza más alto del país, en donde el 78% de la población vive en la pobreza y la pobreza extrema y además la crisis sanitaria provocada por el Covid 19 se enfrenta con mentiras y de manera irresponsable.

Lo incomprensible es que pese a la gravedad de cada uno de estas problemáticas seña-ladas, esto no parece tener importancia para el gobernador y sus funcionarios, que mantienen la misma indiferencia y frivolidad que los gobiernos anteriores y construyen un discurso ficción en el que repiten que todo está bien, mientras la entidad se convulsiona y provoca que todas las actividades económicas se encuentren bajo riesgo.

El municipio de Tila está convertido en un polvorín y no se perciben acciones del gobierno para atender los problemas de fondo, en el que se envían los cuerpos de seguridad, pero no hay una operación política adecuada para el retorno a la legalidad y eso no tiene nada que ver con la represión y el restablecimiento del orden social sino con el cumplimiento de la sentencia 1310/2010 de fecha 12 de septiembre del 2018, de la Suprema Corte de Justicia, que ratificó la devolución de las tierras expropiadas al ejido de Tila, que son precisamente en donde está construido la mayor parte del poblado, en la que el gobernador, el Congreso Local y el ayuntamiento de Tila se encuentran en desacato.

Pero Tila no es el único conflicto que hay en este momento en Chiapas. Persisten los problemas entre el municipio de Aldama con el de Chenalhó, y un elemento que no se puede perder de vista es que tanto en Tila como en Aldama, existen grupos de base zapatista. A su vez, continúa sin resolver el diferendo entre pobladores de San Juan Chamula, quienes desde hace un año desconocieron al presidente municipal y en asamblea popular nombraron a un Concejo municipal, que finalmente no es reconocido por el Congreso Local, pese al manoseo del que han sido objetos por el secretario de gobierno.

La situación en Chiapas es delicada, pero nada de esto parce importarle al gobernador, quien se encuentra sustraído de la realidad y que camina sin tocar el piso.