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No hay credibilidad en el gobierno

Editorial
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¿Por qué hay tantas protestas sociales en Chiapas y por qué muchas de estas protestas vienen acompañadas de la violencia? En realidad no hay una única respuesta para estas interrogantes, en virtud de que en la entidad son muchas décadas de incumplimiento en la satisfacción de derechos sociales, económicos y políticos. Durante muchos años el gobierno instituyó una cultura de la dádiva en lugar de mejorar las condiciones sociales de la población, a quienes se les confinó a vivir de las ayudas sociales. Son miles de millones de pesos destinados en las últimas décadas para programas sociales, aparentemente invertidos en Chiapas, que fueron derrochados mientras la pobreza y la desigualdad social en la población crecía.

En las comunidades chiapanecas existen cientos de miles de jóvenes a quienes se les ha robado el futuro, que no tienen formas de emplearse ni posibilidades de dotación de tierras en sus comunidades, que han crecido con un resentimiento social y a quienes se les impone como opción el camino de la migración.

En Chiapas en los últimos gobiernos existió despilfarro y desvío presupuestal sin que a la fecha existan responsables y sin que se haya sancionado a algún funcionario. Y ahora, en esta administración vienen tomando decisiones un conjunto de funcionarios que no han demostrado que tengan competencias ni conocimiento y mucho menos sensibilidad y que en lo que va de la administración de Rutilio Escandón se ha ejercido un presupuesto superior a los 150 mil millones de pesos, sin que se sepa en dónde y en qué se invirtieron esos recursos, cuando el principal problema de la entidad es la falta de circulante que tiene semiparalizada todas las actividades productivas de la entidad y sin que se hayan tomado las previsiones necesarias para enfrentar los daños económicos provocados por la crisis sanitaria.

La difícil situación social que se está viviendo obliga a una convocatoria hacia una reflexión colectiva para definir los nuevos rumbos de Chiapas, con el fin de mejorar la convivencia y las condiciones de vida de la población, pero esta convocatoria no significa un falso discurso de unidad chiapaneca, pues se debe de respetar la pluralidad política y re-chazar todo tipo de manifestación de sumisión y/o de entreguismo como recurrentemente lo han hecho los partidos políticos y un grupo de empresarios en los distintos gobiernos de la entidad.

Chiapas presenta un rostro de violencia, pobreza, abandono e inseguridad, y esto es a lo que debieran de apostar las autoridades, a superar las carencias y a construir nuevas estrategias que permitan atender y superar los problemas y a ejercer con eficacia el presupuesto, en el que se garantice la transparencia y la rendición de cuentas. Pero el gobernador no entiende de estos tipos de pacto y está convencido en que viene realizando un buen gobierno, aunque no existe un solo indicador económico o social que valide su dicho. Lo peor de todo es que esta administración ha hecho de la mentira y de los reportes falsos, la mejor estrategia de gobierno, y esto imposibilita construir acuerdos, debido a que es un gobierno sin credibilidad y sin compromiso social.