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Quién toma las decisiones en el gobierno

Editorial
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El gobernador Rutilio Escandón se ha desentendido de la responsabilidad de gobernar Chiapas: en los dos primeros años de gestión, fue el exsecretario de gobierno  Ismael Brito el que tomaba las decisiones y éste se dedicó a construir su proyecto personal de sucesión; ahora que Ismael Brito ya no forma parte del gabinete, nadie toma la responsabilidad de decidir y todo el aparato de la administración pública se encuentra desorientado, y sin que haya una voz que le pueda decir al gobernador que las cosas no funcionan y que no son creíbles las cuentas alegres que manejan la reducción de os contagios y fallecimientos por el coronavirus.

El dilema que tiene el gobernador no es un asunto fácil, pues su administración se encuentra  en crisis sanitaria, económica, de credibilidad y de eficacia,  y Rutilio Escandón no estaba preparado para enfrentar una contingencia política como la que se vive en el país, pero que se agudiza cada vez más en Chiapas, especialmente en los municipios indígenas, en donde hay una desatención gubernamental, compromisos incumplidos y en donde el surgimiento de la violencia es la muestra evidente de la ausencia de gobierno.

La situación de Rutilio Escandón se complica aún más, en virtud de que no tiene operadores políticos ni gabinete ni programas de gobierno, y todo eso es indispensable para ganar las próximas elecciones, en el que desde ahora se pone en duda que Morena y sus aliados pueda obtener el triunfo en las 13 diputaciones federales. De igual manera se perciben posibilidades para construir una nueva mayoría en el Congreso Local, lo que cambiaría las condiciones políticas del país, pues se privilegiaría el manejo de la política, como un factor fundamental para construir la gobernabilidad necesaria.

El escenario de violencia que se vive en Chiapas no se va a resolver con la intervención de los cuerpos policíacos, que seguramente solo va a incrementar la violencia como sucedió anteriormente en otros gobiernos, que hicieron de la represión el único instrumento de gobierno. Por el contrario, la violencia en Chiapas va a disminuir en el momento en que exista un gobierno que atienda y resuelva las demandas sociales, que escuche a la población y que desarrolle un conjunto de proyectos con el propósito de mejorar los indicadores de bienestar. Algo que en esta administración no se percibe que se quiera implementar o más bien no le interesa implementar al gobernador, lo que disminuye considerablemente las posibilidades de Morena en la entidad y más, por su alianza con el partido verde, que dejó muchas heridas abiertas en la población, lo que representa un lastre para el propio gobierno.