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Manuel Velasco

Editorial
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En febrero del 2017, a plena luz del día, en el Parque Bicentenario en Tuxtla, anteriormente Parque Morelos, se estableció la alianza entre Andrés Manuel López Obrador y el que era el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello. Ese día Velasco Coello rellenó el parque con 20 mil personas que vitorearon al candidato a la presidencia y su abuelo, Fernando Coello, llegó con 10 mil campesinos al evento con AMLO, todos con playera y gorra.

El pacto estaba claro: AMLO se alió con la peor escoria de Chiapas a cambio del millón de votos que Manuel Velasco le garantizaba, y con ello se le garantizaba impunidad al exgobernador, quien supo negociar su continuidad en la política con el cargo de senador de la república. En esta negociación Chiapas no importó ni tampoco importó la legalidad y la justicia, en donde muchas voces reclamaban el juicio político del exgobernador Velasco, pero que cuenta con la protección presidencial, aún y cuando filmó a Pío López Obrador recibiendo los recursos públicos que Chiapas le aportaba a la campaña de López Obrador.

Con la protección presidencial, Manuel Velasco sigue siendo el principal actor político en el Estado, y en las elecciones de junio del 2021, él va a ser el gran ganador, a costa del partido Morena, que no ha sabido sobrevivir en la primer elección siendo gobierno, y hoy este partido se encuentra desprestigiado y con un conjunto de candidatos a las diputaciones federales y locales que resultan todo lo contrario de los anuncios presidenciales de no robar, no mentir y no traicionar.

Mientras muchos seguidores del presidente siguen creyendo que de verdad se va a dar una transformación, que cada vez resulta más irreal, Manuel Velasco aprovecha la circunstancias políticas y se acomoda para gana las elecciones no solo en el 2021 sino en el 2024, en el que perfila a Sasil de León como su candidata.

Sobre este juego de perfidia, el gobernador Rutilio Escandón permanece en el paraíso, encerrado en una burbuja del mundo feliz, sin darse cuenta que él es el que carga con la culpabilidad y el desprestigio de llevar puro impresentable como candidatos a las 13 diputaciones federales, en donde ninguno se salva: unos más bandidos y sin  escrúpulos que otros y en donde las candidatas por género son usurpadoras de identidad indígena y partícipes de la discriminación racial y violencia política hacia la población indígena.

Resulta denigrante para la izquierda convocar al voto a favor de personajes como Ismael Brito, Jorge Luis Llaven, Luis Armando Melgar, Manuel Narcía o Roberto Rubio. Pero de igual manera resulta contradictorio pedir el voto para Manuela Obrador, Patricia Mass o Martha Dekker, quienes en la ilegalidad se robaron la representación política de los indígenas, que está establecida en la resolución 726/2017 del Tribunal Electoral.

El pragmatismo político dejó sin ideología a Morena y al mismo tiempo pone como seguro triunfador a Manuel Velasco, que ha sabido sacar provecho de los escombros en que dejó a Chiapas.