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Frivolidad y violencia en Chiapas

Editorial
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El clima de violencia en Chiapas parece no importarle a los representantes de los tres poderes del Estado, pues en plena crisis de gobernabilidad decidieron estar en Tapachula, inaugurando la sala del tribunal laboral, como si nada pasara en Chiapas, cuando en los medios nacionales se habla de la existencia de un narcogobierno en la entidad. Si los sucesos de violencia en Chiapas relacionado con el narcotráfico no le interesa al gobernador ¿Qué es lo que le interesa? ¿Para qué seguir fingiendo que es el gobernador en Chiapas cuando hay muchas muestras de que no hay gobierno en la entidad?

En reiteradas ocasiones se ha señalado que Chiapas representa un problema de seguridad nacional, con una frontera porosa, que el gobierno norteamericano observa con preocupación debido al posible ingreso y tránsito de grupos terroristas, que el sistema de inteligencia del país vecino los liga con vínculos con el narcotráfico, lo que obliga a tomar las medidas preventivas y evitar la narcoviolencia, pero eso carece de importancia en las autoridades de Chiapas, que viven en la fase del disfrute irresponsable del poder, que acuden a Tapachula a las comilonas que invita el corporativo de la cervecera La Corona, en el que se comenta en esa localidad, sobresale la presencia de las edecanes.

La frivolidad es un mal que ha estado presente en los últimos gobiernos en la entidad; eso puede ser entendible en un resentido que gobernó el Estado bajo el influjo de las alucinaciones y el delirio de persecución, o en otro que nunca pudo cortar el cordón umbilical y que no alcanzó el nivel de madurez que se requería para gobernar Chiapas, pero en el gobernador actual esto es inaceptable, porque él debía de conocer los problemas de Chiapas y las consecuencias de una larga ausencia de un ejercicio de poder con responsabilidad. Con Rutilio Escandón se preveía un abandono de las prácticas adictivas o de las conductas de un niño caprichoso y mentiroso, pero se continúa con la misma frivolidad e indiferencia, en donde tiene mayor importancia mantener bien hidratado el rostro o el de estrenar una guayabera al día.

La situación de Chiapas mantiene alerta a los cuerpos de seguridad en el país y el sistema de inteligencia mantiene informado a la secretaría de gobernación, quienes sobre la base de los hechos, son los que tienen el mando de Chiapas, mientras el gobernador y los otros dos poderes del Estado disfrutan de las mieles del poder, sin asumir compromiso ni responsabilidad alguna.

Resulta relevante recordar que en 1994, un levantamiento armado en Chiapas provocó la caída del gobernador y del secretario de gobernación. De igual manera, una masacre en diciembre de 1997 en Acteal, donde fueron asesinadas 45 personas, incluidos niños y mujeres embarazadas provocó nuevamente la renuncia del gobernador de la entidad y la caída del secretario de gobernación.

Las condiciones de violencia que existen hoy día en varios municipios de Los Altos, puede ocasionar enfrentamientos entre indígenas, con repercusiones superiores a la masacre de Acteal, que ponen en evidencia que después de 27 años del levantamiento armado indígena-zapatista, en Chiapas la desigualdad social no ha cambiado nada.