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Despilfarro de recursos en Chiapas

Editorial
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Una situación recurrente en los gobernadores de Chiapas es soñar con la idea de la incorporación al gabinete presidencial e inclusive pagan inserciones para que su nombre sea manejado para ocupar distintos cargos. Quienes sí lo lograron son don Jorge de la Vega, que fue incorporado por el presidente José López Portillo como secretario de industria y comercio, así como don Patrocinio González Garrido, quien ocupó la secretaría de gobernación con el presidente Carlos Salinas de Gortari.

En el gobierno de Vicente Fox, el nombre de Pablo Salazar se mencionó varias veces para ocupar una secretaría, y cuando se acercaba la sucesión se llegó a señalar que ocuparía la secretaría de gobernación en lugar de Santiago Creel, al que muchos le auguraban ser el candidato a la presidencia y terminó siendo candidato a la jefatura de gobierno en la Ciudad de México. Lo mismo sucedió con Juan Sabines, quien no tuvo límites para promocionarse en los medios nacionales y se llegó a mencionar que sería incorporado al gabinete de Felipe Calderón como secretario de desarrollo social.

Con Manuel Velasco sucedió lo mismo. En varias ocasiones se creó la burbuja que anunciaba su incorporación al gabinete, algo que finalmente no se dio, pero sí se convirtió en senador. Lo paradójico es que en la prensa nacional, que suele especular sobre los cambios, se menciona la incorporación de Rutilio Escandón al gabinete, hay quienes lo ubican en la secretaría del bienestar y otros en la Comisión Federal de Electricidad.

Este cambio sería beneficioso para la entidad, pues se abriría la posibilidad de construir gobierno y privilegiar la vida política, algo inexistente en lo que va de esta administración, pues tempranamente  el gobernador abandonó la oportunidad de cumplir con los compromisos de la transformación y de realizar un buen gobierno…

Ayer muy orondo el gobernador señalaba de una inversión de 30 mil millones de pesos por parte del gobierno federal para Chiapas. Pero fundamentalmente, el problema de Chiapas no es de dinero sino de la ausencia de programas. Para qué proyectos se requiere el dinero, si no se tiene claro hacia qué proyecto de inversión se va a canalizar ese recurso y cuál es el impacto que se espera alcanzar.

En lo que va de este Siglo XXI se ha destinado un presupuesto de un billón 200 mil millones de pesos y el rostro de pobreza en Chiapas no ha mejorado. De allí que presumir una inversión como la que supuestamente se destinó para Chiapas representa más de lo mismo: despilfarro y ausencia de planeación.