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El gobierno de la tragedia

Editorial
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Durante años el gobierno vendió la idea de un Chiapas seguro, con un bajo índice de delitos, sin ajustamientos ni encajuelados ni personas colgadas en los puentes y con una ausencia de enfrentamientos callejeros o en las plazas comerciales entre grupos de la delincuencia organizada. Este discurso, parcialmente cierto, es insostenible en la actual administración de Rutilio Escandón, que prometió la transformación y que está convertido en la peor tragedia para la entidad.

El Chiapas seguro fue un discurso parcialmente cierto, porque aquí por décadas de construyó el trasiego de drogas, la trata, el tráfico de personas, el tráfico de armas, etc. Pero la violencia que se está viviendo no ocurría por la existencia de un pacto entre los grupos de la delincuencia organizada, que tuvieron claro que esta plaza no debía de incendiarse, pues todos necesitaban de cierta tranquilidad para realizar sus operaciones ilícitas en condiciones de impunidad.

Dentro de las reglas de este pacto se entendió la importancia de tener un procurador-hoy fiscal-, que fuera policía y no un jurista, pues es más fácil llegar a acuerdos con un policía que con un profesionista interesado en la aplicación del derecho y peor aún, interesado en disminuir los índices de impunidad con el castigo de los delitos. Por eso en los últimos seis sexenios en Chiapas la procuraduría estuvo en manos de un funcionario formado e interiorizado con las funciones policíacas. El gobernador que rompió esta regla fue Rutilio Escandón, al nombrar a Olaf Gómez como fiscal, cuyos orígenes están en el poder judicial, en donde se desempeñó en el consejo de la judicatura y luego como juez.

El escenario se descompuso porque se sigue realizando el cobro de cuotas a los grupos, pero también se quiere aplicar la ley y castigar los delitos, algo que es imposible de realizar con éxito. Junto a esta situación se vive una ausencia de gobierno, en donde nadie toma decisiones y peor aún, en donde el propio gobernador ha mostrado que para él gobernar resulta irrelevante. Él parte del viejo criterio priista que consideraba que para tener éxito en la política en México solo se debía de estar bien con una persona, con el presidente, y eso es lo que practica Rutilio Escandón, que se mantiene indiferente  a los distintos incendios que hay en Chiapas, sin darse cuenta que esos incendios pueden quemar al secretario de gobernación o al propio presidente de la república.

La falta de oficio político, el desconocimiento de la realidad chiapaneca, la frivolidad de sus actos y la indiferencia que muestra ante los problemas sociales de la entidad, hacen del gobernador Rutilio Escandón en parte fundamental del problema en Chiapas y no de la solución y un buen ejercicio de gobierno.

Esta situación es insostenible, y la presencia de su cuñado en la secretaría de gobernación le va a terminar siendo desfavorable, porque los conflictos de Chiapas se terminarán atendiendo en gobernación y los jalones de oreja y manotazos en la mesa van a ser recurrentes, en virtud de que Rutilio Escandón nunca se preparó para ser gobernador; no tiene un plan de gobierno ni un grupo de posibles colaboradores, no conoce los problemas de la entidad y tampoco se preocupa en tomar decisiones.