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La transformación incumplida de Chiapas

Editorial
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El gobierno de Chiapas presenta una delicada pérdida de legitimidad  y un cuestionamiento severo a la representación política, que no representa las demandas de la población. Después de tres años de gobierno, la figura de Rutilio Escandón sufre un desgaste, que provoca la campaña de la difusión de la idea de la incorporación del gobernador al gabinete presidencial. Esta promoción se orquesta desde palacio de gobierno, como parte de un síndrome que padecen los gobernadores de la entidad, de financiar este tipo de campañas en los medios: así sucedió con Pablo Salazar, lo hizo Juan Sabines; Manuel Velasco también destino recursos para anunciar su arribo al gabinete y ahora Rutilio Escandón repite la historia que más bien parece tragedia, por la falta de competencias para la toma de decisiones.

En Chiapas, la pérdida de legitimidad se debe en mucho, a la falta de eficacia en el gobierno, lo que imposibilita cualquier situación de ascenso político. Sobre todo porque en Chiapas no existe correspondencia entre la inversión de los recursos con los resultados y menos con el impacto social de estas acciones. El ejemplo de esto es la inversión de más de un billón 200 mil millones de pesos en los últimos 21 años, sin que haya los resultados sociales esperados.

Esta ausencia de eficacia en la inversión pública se debe a distintas características: a la falta de perfil adecuado para desempeñar las responsabilidades de la función; a la inexperiencia de algunos funcionarios en el primer nivel del gobierno; a las dificultades en la operación y la negociación política; al burocratismo en el ejercicio presupuestal; al desconocimiento en algunas oficinas de las problemáticas de la sociedad; a la ausencia del Estado de derecho ya la aplicación de la ley; a la soberbia e inmadurez política; al desconocimiento de los problemas sociales por parte de los gobernantes y a la frivolidad, indiferencia y a la corrupción de los funcionarios.  

En este sentido, el próximo informe del gobierno en Chiapas, debe de presentar una revisión autocrítica sobre las dificultades que enfrenta el Estado y debe de señalar compromisos concretos con metas claras y reales de corto y mediano plazo, que definan el rumbo y dirección de las políticas gubernamentales. El informe debe de representar una extraordinaria oportunidad para establecer nuevos acuerdos políticos con la sociedad, que genere confianza y certidumbre en la ciudadanía y que muestre con mesura y brillantez, el nuevo rostro que se quiere construir de Chiapas.

Sin embargo, es poco probable que Rutilio Escandón asuma con responsabilidad una autoevaluación del gobierno y menos que decida promover políticas que transformen las condiciones sociales del Estado, debido a la indiferencia que lo caracteriza y a la manifiesta falta de voluntad por profundizar en las políticas de cambio social, que permita con la mejora de los indicadores económicos de Chiapas.