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Las muchas realidades en Chiapas

Editorial
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Jan de Vos escribió que Chiapas se escribe en plural porque son muchos Chiapas: Hay un Chiapas mágico, con unas bellezas naturales y una riqueza histórica que se vuelve entrañable y que seduce al visitante; hay un Chiapas invisible, el del silencio y desencanto de los chiapanecos; pero también hay un Chiapas irreal, que construyen sus gobernantes con cifras y resultados espectaculares que no son creíbles, pero que a los políticos locales les encanta envolverse en mentiras y repetirlas hasta el cansancio.

En esas muchas realidades de Chiapas, el 75% de la población vive en la pobreza y a muchos de ellos, se les creó una relación de condicionamiento a través de los apoyos asistencialistas que proporciona el gobierno. Esa política, no resuelve los problemas de pobreza la gente, pero constituyen una población cautiva fácil de manipular a la hora de las elecciones o también de acarrear si se requiere para los mítines y actos de distintos políticos.

Chiapas con todo el potencial que posee, no merece tener las condiciones socioeconómicas que padece su población.  Sin embargo, históricamente se han venido construyendo unos valores, unas prácticas culturales y un discurso político, que reproduce la sumisión y la aceptación de un conjunto de situaciones que son inaceptables, pero que de manera invisible se asimilan y se interiorizan, a punto tal que constituye una práctica cultural, que el que se rebela y protesta, es señalado por la comunidad como un extraño y termina siendo expulsado de ella.

Ese Chiapas invisible, reproduce el desencanto en los chiapanecos, que creen que no hay nada por lo que valga la pena luchar y están convencidos de que nada puede cambiar. Es una sociedad de repetición, y reproduce un sistema institucional que hace creer que ese tipo de sociedad se creó de una vez y para siempre, por lo que no se puede cambiar y peor aún, se constituye el discurso en donde el cambio es impensable y se repite la frase de que en Chiapas no pasa nada.

Sobre esta sociedad de repetición, los políticos locales han creado formas de dominación, en donde el terror desempeña la forma simbólica más importante de esa dominación. La difusión e interiorización del terror en el imaginario de la población, limita y dificulta cualquier convocatoria de cambio o de cualquier forma de sublevación del orden social. Pero además ese terror se construye con verdaderas cuotas de sangre a través de la violencia institucional y la violación sistemática de los derechos humanos. La proliferación de grupos paramilitares y la impunidad en la que actúan es prueba de esta violencia que tiene la simpatía, respaldo y consentimiento del Estado.

Chiapas sin duda tiene muchos mundos, en donde se entrecruzan la realidad cotidiana de la pobreza y el desencanto, con el mundo irreal que quieren construir los gobernantes. Sin embargo, es tiempo de construir los puentes que permitan acercar esos mundos, para contrarrestar los efectos destructores de los conflictos, que parecen estacionarse en Carranza, Chenalhó, Aldama, El Bosque, Tila, Pantelhó, Simojovel, Altamirano, Pueblo Nuevo, Oxchuc, Frontera Comalapa y San Cristóbal, en donde la violencia amenaza destruir los vestigios de esperanza y socavar el futuro de la población en Chiapas.