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La importancia de la ciudadanía

Editorial
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En la peor crisis en la Europa de la posguerra, no sólo por la destrucción de infraestructura sino de pérdida de sentido,  resurgió en el debate académico el concepto de ciudadanía. El punto de partida de esta discusión, fue la famosa conferencia en la Universidad de Cambridge de Thomas Marschall, “Ciudadanía y clases sociales”. Ahí este autor plantea una evolución histórica de la ciudadanía y de los derechos humanos en tres fases: en el siglo XVIII se adquirieron los derechos civiles;  en el siglo XIX, se adquirieron los derechos políticos; y, en el siglo XX, con la expansión del Estado de bienestar, se adquirió la responsabilidad de proporcionar un conjunto de derechos sociales a la población. En esta lógica Marschall consideró, que la ciudadanía existe sólo cuando se atiende plenamente estos tres tipos de derecho.

La construcción de ciudadanía se convirtió así en el motor de los derechos humanos y de la lucha democrática, no sólo en Europa, sino que se exportó y se empezó a adoptar en todo el mundo. De tal manera que la democracia representativa empezó a ser recomendada a los gobiernos por la ONU e incluso impuesta como parte integrante de los programas de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional.

En México, desde la lucha por la independencia prevaleció una visión autoritaria, de tal manera que el primer gobierno después de la independencia fue el Imperio de Iturbide. Esta tradición autoritaria, en lugar de ser sustituida, al paso de los años se convirtió en un modelo de dominación en la que surgieron tres formas distintas de dictadura: la dictadura constitucional con Benito Juárez, la dictadura personal de Porfirio Díaz y la dictadura institucional con el ascenso del PNR, que se transformaría en PRM y actualmente en el PRI.

En el país se vivió una concentración del poder, y la actividad política se convirtió en un predominio total del Estado sobre la población y las organizaciones. Esto produjo un sistema político y una cultura de marginación política, de populismo y clientelismo hacia las clases populares y una restricción férrea a la participación política, lo que se convirtió en un obstáculo para la construcción de ciudadanía. En este sentido, la democracia que se vive en México es de ficción. En donde las elecciones no corresponden a un ejercicio político de elección libre de los gobernantes y representantes, debido a que la ausencia de ciudadanía en un grueso de la población en condiciones de pobreza posibilita la compra del voto.

Esto ha generado un déficit en la formación ciudadana; un déficit en las prácticas democráticas, un déficit en la división de poderes y un déficit en la manera como se proporcionan los derechos humanos, en donde la carencia de derechos sociales dificulta la constitución de la vida digna. La tradición de política autoritaria permanece a través de las distintas formas mediante las cuales se constituye la dominación y el ejercicio del poder. Esta situación es aún peor en las sociedades donde prevalece la tradición, como es Chiapas, que se encuentra a la zaga, del lento e inacabado proceso de formación de vida democrática en el país.

En este sentido lo que mella la democracia es la ausencia de ciudadanía. Sin ciudadanos con derechos no se construye la democracia. De allí que en México, y particularmente en Chiapas, la prioridad es reducir la pobreza, otorgando los derechos sociales y reduciendo las políticas clientelares de apoyos sociales, para hacer efectivo el voto libre, sin artelugio en la compra del voto, para hacer efectivos los derechos políticos. Por eso los riesgos de la democracia en el país es la carencia de ciudadanía y la carencia con que se proporcionan los derechos sociales. Hoy día hay una campaña que busca relacionar a la democracia con la participación en la revocación de mandato del presidente de la república. Esto es falso, en virtud de que la democracia no se construye ni se fortalece con el voto y menos si este voto no es libre, al estar condicionado a la entrega de apoyos sociales.

Una sociedad con calidad democrática no requiere ni practica la revocación de mandato. Esta práctica de revocación de mandato es más común en los gobiernos autoritarios, en donde el gobernante tiene dificultades de legitimidad democrática.