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Thu, Jan
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Chiapas requiere de cambios profundos

Editorial
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En Chiapas son varias señales que indican que la plaza se viene calentando sin que eso genere preocupación alguna en el gobierno, que continúa sin tomar las medidas preventivas de protección a la población, sobre todo en los enfrentamientos entre los grupos delincuenciales, que cada vez son más frecuentes en distintos lugares del Estado. La noticia de ayer en las redes sociales fue la ejecución de un abogado de Villaflores, que fue baleado junto con su esposa, y en el que con escepticismo se considera, como en  otras ejecuciones recientes en la entidad,  que la fiscalía no va a investigar y que va a quedar impune.

Cada día es más notorio, que la función del Estado no está presente en la entidad, en mucho por la ausencia del gobierno, que se desentendió de todos los problemas y ninguna dependencia busca mediar en la atención de las demandas sociales. Esta situación hace prever que los problemas sociales pueden empeorar.

La situación de caos social en la entidad, es tan evidente que los analistas nacionales, ya están abordando la situación en medios nacionales como sucedió en el periódico Reforma, en la columna de Templo Mayor,  en el que se habla del cuñado incómodo del secretario de gobernación, quien ya no puede ignorar lo que está sucediendo en Chiapas. La indiferencia del gobernador Rutilio Escandón, pasó a ser una preocupación en el secretario, a quien le puede estallar un conflicto similar, como le sucedió a Patrocinio González Garrido y a Emilio Chuayffet, quienes tuvieron que abandonar el cargo por los sucesos de Chiapas: el movimiento zapatista de 199 y la masacre de Acteal en 1997.

Rutilio Escandón está convertido en el eslabón más débil del proyecto político de Adán Augusto López Hernández, quien se perfila como el heredero de AMLO, pero los acontecimientos de violencia y conflictos en Chiapas, si no se toman medidas adecuadas y eficaces, lo pueden descarrilar. En este sentido Chiapas pasó a jugar un lugar clave para la sucesión presidencial, lo que obliga a construir gobierno en la entidad, para evitar la repetición de conflictos como los de 1994 y 1997, que le estallarían directamente al secretario de gobernación.

Hay muchos señalamientos sobre la administración de Rutilio Escandón que sitúan a Chiapas como narcoestado. Así lo manifestó el subcomandante Galeano cuando denunció que el gobernador protege a los grupos paramilitares y que Chiapas se encuentra al borde de una guerra civil. Las señales de que las cosas no caminan bien en Chiapas son notorias y se requiere urgentemente de cambios profundos, para evitar una tragedia de graves consecuencias, que cambie los rumbos de la sucesión.