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Morena imita al PRI

Editorial
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El debate que hay entre el presidente y los periodistas que lo critican  no tiene altura.  Se ha convertido en un pleito callejero en donde se vale de todo, sin importar que hay normas que se deben de cumplir, en aras de mantener la civilidad.  

En este debate el presidente de la república perdió las formas y algunos de sus actos y dichos se encuentra fuera de la ley. Por ejemplo, dar a conocer datos personales que se encuentran protegidos en el artículo 16 de la Constitución; llamar mercenarios a la prensa que lo critica, comentario que busca desacreditar representa una forma de intimidación el trabajo periodístico, lo que representa una forma de intimidación, que está tipificado como formas indirectas de censura que están sancionadas por la ley.

Los seguidores de AMLO rápidamente emprendieron los ataques y concentran sus agresiones en dos sentidos: llaman calumniadores a los periodistas y acusan que es una campaña de golpeteo al presidente y a la cuarta transformación con el fin de impedir el avance del movimiento que encabeza el presidente. Pero los senadores del grupo parlamentario de MORENA en un comunicado fueron más allá y señalan: “El presidente Andrés Manuel López Obrador encarna a la nación, a la patria y al pueblo. Los opositores al presidente, por consiguiente, buscan detener los avances para darle al pueblo de México un futuro más digno”.

Estos argumentos son de una gran pobreza que muestra una ignorancia de lo que es la libertad de expresión y sobre todo lo que representa el ejercicio de la vida democrática. Veamos primero que la libertad de expresión no es un derecho absoluto, sino que está sujeta a responsabilidades ulteriores, mismas que están expresamente señaladas en la ley. Esto significa que las calumnias o difamaciones  pueden ser sancionadas por la vía civil y puede presentarse la reparación del daño.

Aquí se presenta una disyuntiva en el periodismo que está determinada en términos de que existe una calificación de un bueno o un mal periodismo. Pero en el caso en que haya un mal ejercicio periodístico, éste tiene derecho de existir y más si hay personas que les gusta consumir un mal periodismo.

En relación a que existe una campaña para socavar el trabajo del presidente resulta extremadamente ingenua, en virtud de que la vida democrática permite y debe tolerar a una oposición, cuyo papel principal es el de oponerse legítimamente a las medidas emprendidas por cualquier gobierno. Aquí este tipo de argumentos son peligrosos y evidencian la cultura priista del autoritarismo que se reproduce en todos los partidos, particularmente en MORENA. Decir que hay una oposición que agrede y descalifica al presidente es una ñoñería,  porque para eso existe la oposición, y en las democracias, las mayorías están obligadas a respetar los derechos de las minorías. Y esto precisamente es lo que no quiere respetar el presidente y su partido, el derecho de las minorías a disentir y oponerse a las acciones de gobierno.

Pero el argumento de que el presidente es la nación es un exceso. El presidente es el representante del gobierno, pero no es ni puede ser la nación, sobre todo porque la nación es pluricultural, así lo dice la Constitución, y esto reconoce existencia de la diversidad y obviamente el pluralismo político, algo que Morena y el presidente quieren socavar y con ello demuestran su pobre visión democrática, porque al destruir el pluralismo político destruyen la vida democrática. Lo que los hace profundamente conservadores y además reproducen las viejas prácticas del PRI, algo que cuestionan en el discurso pero que en la práctica los imitan.