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Otra vez ejecuciones en Tuxtla

Editorial
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La violencia se apodera de las calles de Tuxtla Gutiérrez y ayer, nuevamente, en las redes sociales se difunde un vídeo que ilustra descarnadamente el escenario de una ejecución, que sufriera una mujer. En reiteradas ocasiones aquí se ha señalado que nadie está a salvo de la inseguridad y más porque el crecimiento de la delincuencia organizada se debe fundamentalmente a la inacción política del gobierno; en donde el gobernador Rutilio Escandón ha hecho de la indiferencia su estilo personal de gobernar, situación que se complica aún más porque el gobierno federal ha hecho del discurso de abrazos no balazos una política de gobierno, que deja el camino libre para que la delincuencia se apodere de espacios públicos y privados para imponer su poderío a una sociedad que se encuentra huérfana del gobierno.

En este momento claramente se percibe que el principal problema del gobernador no es que no sepa gobernar sino que su indiferencia lo conduce a no querer gobernar. Por eso los problemas de gobernabilidad y de inseguridad crecen irremediablemente, porque no existen políticas públicas que contrarresten los problemas sociales que permitan construir mayores espacios de gobernabilidad y que proporcionen  garantías de una mejor protección para las personas y sus bienes.

El gobernador y todo su gabinete ya demostraron con creces el nivel de incompetencia que hay en el gobierno, en donde los problemas se reproducen por todo el territorio, a punto tal, que en algunos lugares en concreto, no hay Estado, pero eso no le importa a los funcionarios públicos, quienes mantienen la misma indiferencia que les trasmite el gobernador.

El atentado que sufrió ayer la expresidenta municipal de Ostuacán, es un claro ejemplo de las mentiras oficiales de la administración de Rutilio Escandón, que presume de un Chiapas seguro, cuando la delincuencia organizada impone condiciones y tiene a su servicio no solo a elementos de los cuerpos policiales sino a funcionarios de la secretaría de seguridad y de la fiscalía del Estado, quienes protegen las actividades de estos grupos delincuenciales.

El nivel de descomposición social y de degradación de la política convirtió a Chiapas en una sociedad de riesgo para la seguridad nacional, en el que existen antecedentes en que los conflictos en Chiapas han tenido repercusiones nacionales e internacionales, por lo que no puede ser irrelevante para el gobierno federal lo que sucede en la entidad. Y más en las actuales circunstancias, en que la coyuntura política no le es favorable al presidente de la república, a quien le crecieron los enanos, y una oposición que él consideraba moralmente derrotada, ya identificó que en unidad puede ser competitiva y que incluso puede ser una alternativa de gobierno. Esto es factible en Chiapas, donde Morena no existe ni siquiera con cuadros que ocupen posiciones en el gobierno, y que requiere del partido verde para ganar elecciones, pero esa alianza se puede resquebrajar en el 2024, si Morena quiere imponer el candidato.