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La inseguridad una realidad que el gobierno no quiere reconocer

Editorial
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El discurso oficial de un Chiapas seguro quedó ayer en entredicho con el asalto con violencia al interior de una institución bancaria en la Plaza Las Américas en la ciudad de Tuxtla. Con ello queda claro que la inseguridad no es un asunto de discursos o de datos estadísticos que se reportan al Consejo Nacional de Seguridad Pública sino una realidad que no debe ocultarse y mucho menos minimizarse, pues en cuestión de segundos se pierden bienes materiales y/o hasta la vida misma.

Chiapas vive serios problemas de inseguridad, como para que el gobernador insista con un discurso inverosímil de que es el Estado más seguro y de que las condiciones son propicias para la inversión, cuando los asaltos carreteros forman parte de una historia cotidiana y peor aún si se trata de la carretera en Frontera Comalapa, en donde continúan desapareciendo personas y se convirtió en la zona de tránsito de mayor riesgo en la entidad, por los enfrentamientos recurrentes entre grupos de la delincuencia organizada, del que paradójicamente la fiscalía del Estado no tiene datos sobre esta situación.

Lo grave de esta situación, es que es un secreto a voces sobre el personal de la fiscalía y de la secretaría de seguridad que colaboran con la delincuencia organizada, y de los pagos que ésta realiza para que los dejen trabajar, sin que el gobernador tome una decisión política para depurar el desempeño de los funcionarios y del mando policíaco, lo que significa que no funcionan los mecanismos de control de confianza, al que deben someterse con cierta regularidad el personal de mando de ambas dependencias.

La colaboración entre cuerpos policíacos y delincuencia organizada es de tal magnitud, que se sabe de policías que forman parte de las escoltas al servicio de los grupos delincuenciales y que incluso, han llegado a fallecer en los enfrentamientos, dejando en el abandono a las viudas y sus hijos, sin que la autoridad de una explicación veraz, del porqué elementos policiales se encuentran al servicio de la delincuencia.

El discurso oficial de un Chiapas seguro no coincide con la realidad que se vive en la entidad, en donde nadie está seguro de no sufrir un asalto, una agresión, la desaparición forzada, un feminicidio o la pérdida de la vida. La experiencia de estos sucesos ha sido recurrente en todo el territorio, como para creer en un discurso oficial que presume de una seguridad que es inexistente y que se agrava cada día más, en razón de la impunidad que prevalece en cada uno de estos sucesos que alteran la vida cotidiana de Chiapas.