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La difícil condición de la seguridad en Chiapas

Editorial
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La seguridad en Chiapas se encuentra en su peor momento. Ayer, con la ejecución de cuatro personas en el municipio de Chiapa de Corzo, dos de ellas embolsadas y descuartizadas, el gobierno ya no puede seguir con su indiferencia y repitiendo el discurso de un Chiapas seguro, en virtud de que las circunstancias muestran un nivel de violencia y de presencia de la delincuencia organizada, que sólo falta que aparezcan cuerpos colgados en los puentes, para estar en las mismas condiciones que las entidades con mayor violencia en el país.

La inseguridad ya es el principal problema en Chiapas, lo que obliga a tomar decisiones que contrarresten esta situación, la principal, el cambio de los funcionarios de la secretaría de seguridad y la fiscalía del Estado que han sido señaladas de brindar  protección de la delincuencia organizada; los nombres de estos funcionarios son sabidos y los conoce perfectamente el gobernador, porque son los que se encargan de recibir y repartir los maletas que recogen de los grupos delincuenciales.

La delincuencia organizada tiene una presencia en Chiapas de décadas atrás, pero nunca como ahora se ha visibilizado esa presencia, a punto talque participa protagónicamente en la vida política de Chiapas nombrando presidentes municipales y colocando funcionarios públicos en áreas de conveniencia, que permita o facilite la realización de las actividades ilícitas, con total complacencia del Estado, formando lo que se conoce como redes de macrocriminalidad, que integra la presencia empresarial, a funcionarios del Estado y la delincuencia organizada en una misma red.

Con la continuidad de estas condiciones y con la indiferencia gubernamental en Chiapas, alimentada por el discurso de abrazos y no balazos del gobierno federal, prácticamente ya no existen garantías para recuperar la seguridad en Chiapas, en donde todo está perdido. Por eso es urgente romper  con estas inercias y buscar recuperar los mínimos de seguridad, como una condición indispensable que permita construir un futuro razonable y no la violencia que se está heredando a las nuevas generaciones.

Hasta ahora las cosas no se están haciendo bien. Y no se puede creer en el discurso de un Chiapas seguro, en el que insiste el gobernador, como una manera de evadir su responsabilidad, porque los muertos, producto de las ejecuciones extrajudiciales, se han venido acumulando en este gobierno y finalmente los responsables de garantizar la seguridad de la población es el Estado y no lo viene cumpliendo, lo que implica que el culpable de esta situación es el propio Estado, con los agentes que lo representan y éstos son los que en un momento determinado tendrán que asumir su responsabilidades ante tribunales judiciales.